IBN YUBAR (1145 – 1217)




Abu Al-Hassan Muhammad Ibn Yubair fue un viajero, geógrafo, escritor y poeta hispano árabe medieval
Nacido en la provincia de Valencia, entonces taifa andalusí, e hijo de un funcionario público, estudió en Xátiva, para trasladarse después a Granada, donde según el estilo de la época estudió el Corán, derecho y literatura. Se convirtió más tarde en secretario de la cancillería del gobernador valenciano, Abu Said Utman Abd al-Munim, hijo del califa almohade de Al-Andalus. Durante esta estancia compuso muchos poemas, pero en 1182 tomó la decisión de llevar a cabo su deber de la peregrinación a La Meca con el fin de expiar un pecado supuestamente obligado por el gobernador almohade o como resultado de una crisis religiosa interior.

VIAJE DE CEUTA A ALEJANDRÍA
Ibn Yubar salió de Granada y cruzó el estrecho de Gibraltar hacia Ceita, en ese momento todavía bajo el dominio musulmán. Abordó en Ceuta un barco genovés el 24 de febrero de 1183 y zarpó hacia Alejandría. Su viaje por mar le llevó más allá de las islas Baleares y, a continuación, a través de la costa occidental de Cerdeña. Entre Cerdeña y Sicilia el buque se encontró con una fuerte tormenta, sobre la que tanto los italianos como los musulmanes de a bordo que tenían experiencia dijeron “dijeron estar de acuerdo en que nunca en sus vidas habían visto tal tempestad”. Después de la tormenta, el buque pasó por Sicilia, Creta y luego viró hacia el sur y cruzó a lo largo de la costa del norte de África, llegando a Alejandría el 26 de marzo.

EGIPTO
Todas las descripciones de los lugares que visitó en Egipto estuvieron llenas de elogios para el nuevo gobernante sunita, Saladino. Por ejemplo, llegó a decir de él que “No hay congregación ordinaria o mezquita, ni mausoleo construido sobre una tumba, ni hospital, ni universidad teológica donde la abundancia del Sultán no se extienda a todos los que buscan vivienda o viven en ellos”. Señaló asimismo que cuando las inundaciones del Nilo no eran suficientes, Saladino reducía el impuesto sobre la tierra de los agricultores o que “tanta es la justicia y seguridad que ha traído a sus rutas que los hombres en sus tierras pueden dedicarse a sus asuntos por la noche y no temer a la oscuridad”.
Sin embargo, Ibn Yubair, no hizo mención alguna de los cristianos coptos, que formaban la gran mayoría de la población egipcia de la época, y llegó a denigrar con frecuencia de la anterior dinastía chiita, los fatimíes.
ALEJANDRÍA
A su llegada a Alejandría, Ibn Yubair se enojó con los funcionarios de aduanas que insistían en la recaudación del zakat de los peregrinos, independientemente de si estaban obligados a pagar o no. En la ciudad visitó el Faro de Alejandría, que en ese momento estaba todavía en pie, y se sorprendió por su tamaño y esplendor. También quedó impresionado por la libertad de los colegios, albergues para estudiantes extranjeros, los baños y los hospitales de la ciudad, todos ellos pagados por las fundaciones religiosas y los impuestos sobre los dhimmis judíos y cristianos de la ciudad. Llegó a mencionar que había entre ocho mil y doce mil mezquitas en Alejandría, la cual dejó atrás después de una estancia de ocho días para dirigirse a El Cairo.

EL CAIRO
Después de un viaje de tres días, Ibn Yubair llegó a El Cairo. En ella visitó el cementerio de Al-Qarafah, donde se encontraban las tumbas de muchos personajes importantes en la historia del Islam, tales como Hussein, mártir chiita, y señaló que los esclavos cristianos extranjeros estaban ampliando los muros de la ciudadela con el objeto de rodear toda la ciudad. Otra de las obras en construcción que contempló fue un puente sobre el Nilo, que sería lo suficientemente elevado como para no ser sumergido por la inundación anual del río. Describió también un espacioso hospital gratuito que se dividía en tres secciones: para hombres, mujeres y enfermos mentales. Contempló las pirámides, sin explicarse para qué se habían construido, así como la esfinge, a la que los locales llamaban “Padre de los Terrores”.
“Las antiguas pirámides, son construcciones maravillosas, un espectáculo extraordinario, son de forma cuadrada, como si fuesen varias tiendas plantadas, alzándose en el aire del cielo y llenan en altura al espacio aéreo. La anchura de una de ellas, desde una de sus esquinas a la otra, es de 366 pasos. Han sido levantadas con enormes piedras talladas, ensambladas de forma impresionante en insólita cohesión… Si las gentes de la tierra deseasen demoler su construcción les sería imposible… Nadie sabe lo que son, salvo Dios, poderoso y grande…”
OTROS VIAJES
Ibn Yubair ascendió después el Nilo hasta Assuán y cruzó el Mar Rojo hacia Jedda y desde allí a Medina y La Meca, donde residió varios meses. Más tarde se dirigió al norte hacia Jerusalén, Damasco, Mosul, Bagdad y Acre, volviendo en 1185 a través de Sicilia, de nuevo a bordo de un barco genovés. Su travesía no estuvo falta de peripecias, incluido un naufragio.
Ibn Yubair llegó a una detallada y muy gráfica descripción de los lugares que visitó durante sus viajes en su libro Rihla (Los viajes). A diferencia de sus contemporáneos, no escribió simplemente una mera recopilación de topónimos y descripciones de monumentos, sino que mostró un análisis en profundidad por medio de la observación de detalles geográficos, así como culturales, religiosos y políticos. Especialmente interesantes fueron sus notas acerca de la disminución de la fe de sus compañeros musulmanes en Palermo después de la reciente conquista normanda, y lo que percibió como la influencia musulmana sobre las costumbres de Guillermo II, rey de Sicilia.
La relevancia de Ibn Yubair como viajero se debe principalmente a que su libro se convirtió en una de las fuentes más importantes con que se contó a partir de entonces para saber cómo se encontraba el mundo mediterráneo en general, los países bajo dominio islámico, la Sicilia normanda, la navegación contemporánea y las relaciones entre musulmanes y cristianos en el siglo XII. Yubair fue el creador de todo un género en la literatura árabe: La Rihla o relación del viaje que luego se continúa y reproduce sistemáticamente. En él daba explicaciones detalladas del Mediterráneo en la época de las Cruzadas. Fue escrito con un estilo claro y elegante, manejando una lengua variada, a veces seca y difusa, con frecuencia colorista y pintoresca. Se trataba de un hombre inteligente, observador, tolerante, espiritual y a menudo jocoso. Entre sus imitadores destacaron el famoso viajero de Tánger Ibn Batuta, que se inspiró e incluso reprodujo párrafos exactos de los relatos del valenciano.
Una cita muy conocida fue la descripción de los musulmanes que vivían en el reino de Jerusalén tras la cruzada cristiana: “Hemos dejado Tibnin por un camino lleno de granjas donde vivían los musulmanes, que prosperan bajo el dominio cruzado… Los musulmanes son propietarios de sus casas y se administran a su modo. Ésta es la forma en que las grandes granjas y aldeas están organizadas en territorio franco. Muchos musulmanes están muy tentados a establecerse aquí cuando ven las terribles condiciones en que sus hermanos viven en los distritos bajo el mandato musulmán. Por desgracia para los musulmanes, tienen siempre motivos para quejarse sobre las injusticias de sus jefes en las tierras regidas por sus correligionarios, mientras que no pueden tener más que elogios para el comportamiento de los francos, en cuya justicia siempre pueden confiar”.
Yubair viajó hacia Levante dos veces más (1189-1191 y 1217), pero no dejó constancia escrita de tales viajes. Murió en Egipto, donde parece que se dedicó a la enseñanza durante el segundo de estos viajes.