ELLA MAILLART (1903 - 1997)



Esta escritora, fotógrafa suiza y gran viajera, hija de Paul Maillart, un peletero de Ginebra de ideología liberal, y de Dagmar Klim, una deportista danesa, empezó realizando un crucero por el Mediterráneo y tal fue su afición al mundo del viaje que llegó hasta el continente asiático y a residir en la India.
Su familia se instaló en Creux de Genthod, a orillas del lago Leman, cuando ella apenas contaba diez años.
Desde muy joven se sintió atraída por el deporte y la superación personal. En esta localidad, Ella Maillart conoció a Hermine de Saussure, hija de un oficial de marina y tataranieta de Horace Benedict, considerado como el fundador del alpinismo, con la que practicó vela y esquí. A los 16 años fundó el primer club de jockey sobre césped de la zona francófona de Suiza, el Champel Jockey Club. Años después realizó a vela la travesía de Cannes a Córcega con Hermine y conoció a Alain Gerbault, que se encontraba preparando su barco Firecrest para su famosa travesía en solitario del océano Atlántico. Participó como representante de Suiza en las regatas de los Juegos Olímpicos de París de 1924 a la caña de un monotipo nacional. Fue la única mujer y la más joven de la competición.
En 1925 se embarcó junto con cuatro jóvenes, entre ellas Miette de Saussure y Marthe Oulié, en un crucero por el Mediterráneo, desde Marsella hasta Atenas. Un cúmulo de circunstancias  y el matrimonio de su amiga Miette con el arqueólogo francés Henri Seyrig, le llevaron a abandonar su sueño de vivir en el mar. Como miembro del equipo suizo de esquí, defendió a su país en los cuatro primeros campeonatos del mundo de esquí alpino de 1931 a 1934.
Atraída por el cine ruso, viajó a Moscú para realizar un reportaje en el que se basó para escribir su primer libro: Parmi la jeunesse russe.

DESCUBRIENDO ASIA
Tras su primera estancia en la capital rusa y la travesía del Cáucaso, en 1930, Ella Maillart recorrió la zona soviética de Asia Central durante el año 1932. Dos años más tarde, el rotativo Le Petit Parisien la envió a Manchukuo, un estado fundado por los japoneses en China en 1932, en donde conoció a Peter Fleming, gran reportero de The Times y agente del M16. En febrero de 1935 inició, junto con Fleming, un viaje de 6.000 kilómetros desde Pekín hasta Srinagar en la India, que duró siete meses y que ambos relataron: Peter Fleming en su libro Courrier de Tartarie y Ella Maillart bajo el título de Oasis Interdites.
En 1937 atravesó India, Afganistán, Irán y Turquía para escribir una serie de reportajes, y en 1939 partió de Ginebra conduciendo un Ford con destino Kabul. En este viaje la acompañó Annemarie Schwarzenbach (que apareció con el nombre de Cristina en el relato del viaje titulado La Voie Cruelle), a quien deseaba ayudar a liberarse de su drogadicción.

CINCO AÑOS EN LA INDIA
De 1940 a 1945 pasó cinco años en la India con los maestros espirituales Ramana Maharishi y Atmananda Krishna Menon.
A su regreso a Suiza descubrió, gracias al pintor Edmond Bille, el pueblo de Chandolin, situado a 2.000 metros de altitud, que se convertiría en el anclaje de su vida nómada. Encargó la construcción de una casa en donde vivió en solitario de mayo a octubre a partir de 1948.
A partir de 1956 y hasta 1987, Ella Maillart se dedicó, como guía cultural, a acompañar a pequeños grupos de viajeros en sus viajes por el continente asiático.
En un artículo titulado Pourquoi vovager (Porqué viajera), Ella hizo suyas las palabras del maestro chino Chiang Tzou: “Si abordamos las cosas desde sus diferencias, incluso el hígado y el bazo son órganos tan alejados como las ciudades de Ch’u y Yueh. Si las abordamos por sus semejanzas, el mundo es uno solo”.
Ella Maillart siguió practicando el ciclismo y el esquí hasta la edad de 80 años.
Meter Fleming escribió sobre Ella Maillart es una necrológica que jamás se publicó, “que se trataba de una viajera llena de valor y de curiosidad, siempre interesada por visitar lugares salvajes y por comprender a su población”, y finalizó diciendo que “nunca contrajo matrimonio”.
Los manuscritos y documentos de Ella Maillart se conservan en la Biblioteca de Ginebra, su obra fotográfica en el Museo Elysée de Lausana y sus películas en la Cinemateca suiza de Lausana.
La pequeña localidad de Chandolin en el Val d’Anniviers (Suiza) rinde homenaje a Ella Maillart, en colaboración con sus amistades, mediante una exposición permanente sobre su trayectoria que permite descubrir, a través de fotografías y de numerosos objetos procedentes de sus viajes, la vida de una mujer con una existencia plena.
Ella Maillart falleció en 1997 a la edad de 94 años.

PERCIVAL H. FAWCETT (1867 - 1925)



Explorador, arqueólogo y militar británico que desapareció bajo circunstancias desconocidas durante una expedición para encontrar una antigua ciudad perdida que creía ser El Dorado, en la selva inexplorada de Brasil.
Nacido el 18 de agosto de 1867 en la localidad de Torquay del condado de Devon (Inglaterra) era hijo de Edward B. y Myra Fawcett. Recibió su educación en el Newton Abbot Proprietary Collage. Su padre, nacido en la India, era miembro de la Royal Geographical Society y, evidentemente, de él heredó su interés por los viajes, la aventura y las exploraciones. Su hermano mayor, Edward Douglas Fawcett (1866-1960) era un alpinista, ocultista oriental y escritor de novelas populares de aventuras.
En 1996 recibió un destino en la Artillería Real y sirvió en Trincomalee (Ceylán), donde además conoció a su esposa. Más tarde trabajó para el servicio secreto británico en África del Norte y aprendió técnicas de topografía. También cultivó la amistad de los reconocidos escritores Henry Rider Haggard y Arthur Conan Doyle. Se da la circunstancia de que éste último usó más tarde sus informes como fuente de inspiración para su famosa novela El mundo perdido.

PRIMERAS EXPEDICIONES
La primera expedición de Fawcett a Sudamérica fue en 1906, cuando a la edad de 39 años viajó a Brasil para cartografiar un área de la selva en la frontera entre Brasil y Bolivia (pampas del río Heath), por encargo de la Royal Geographical Society, que había sido comisionada para cartografiar el área como una tercera parte imparcial en una disputa fronteriza. Llegó a La Paz (Bolivia) en junio. En su expedición de 1907, Fawcett afirmó haber visto y disparado a una anaconda gigantesca de 62 pies de largo, por lo que fue extensamente ridiculizado por la comunidad científica. Describió otros animales misteriosos y desconocidos para la zoología, tales como un pequeño perro de apariencia felina casi del tamaño de un foxhound inglés, que afirmó haber visto dos veces, o la araña gigante apazauca, que se decía que había picado a varios habitantes del lugar.
Fawcett realizó siete expediciones entre 1906 y 1924. Se llevaba bien con los lugareños, sobre todo merced a los regalos con que les obsequiaba, su paciencia y el comportamiento amable que mantenía con ellos. En 1908, rastreó la fuente del río Guaporé y en 1910 hizo un viaje al río Heath (en la frontera de Perú y Bolivia) para encontrar su origen. Después de su expedición de 1913, supuestamente afirmó haber visto perros con narices dobles. Estos muy bien pudieron haber sido sabuesos andinos de dos narices, sobre la base de una investigación documental.
Fawcett formuló sus teorías sobre la “Ciudad Perdida de Z” en Brasil al inicio de la Primera Guerra Mundial. Por aquel entonces regresó a Gran Bretaña para ingresar en el servicio activo. Se ofreció como voluntario para el frente de Flandes, y encabezó una brigada de artillería a pesar de tener casi cincuenta años de edad. Después de la guerra regresó a Brasil para estudiar la fauna local y la arqueología.

BÚSQUEDAS DE UNA CIVILIZACIÓN PREHISTÓRICA
Fawcett había estudiado antiguas leyendas y archivos históricos, convenciéndose de que una ciudad perdida existió en algún lugar de la región de Mato Grosso, una ciudad a la que puso el nombre de “Z”. Según el propio Fawcett, su principal fuente escrita era un documento portugués del siglo XVIII, dejado por un grupo de cazadores de fortuna que anduvieron durante diez años por regiones interiores de Brasil, descubriendo finalmente una antigua ciudad en ruinas (la ciudad perdida del Manuscrito 512). Para él, aquella ciudad o ciudad de Raposo, como prefería llamarla, era una de las varias ciudades perdidas del Brasil, remanentes de una vieja civilización (la Atlántida), cuyo pueblo había degenerado, pero aún conservaba vestigios de un pasado que había caído en el olvido, en momias, pergaminos y láminas de metal cinceladas.
Otro testimonio de la existencia de aquella civilización prehistórica lo representaba para Fawcett una extraña estatuilla de basalto negro de 25 centímetros de alto, cuyo origen no se pudo identificar claramente. Él la obtuvo de su amigo Henry Rider Haggard y la llevaba consigo en su última expedición. Tras recurrir a la ayuda de un psicometrista, según relató el propio Fawcett, llegó a averiguar que la estatuilla era de origen atlante.
En 1921 emprendió una expedición por Bahía, guiándose tanto por el Manuscrito 512, como por el testimonio de otro viajero británico, el coronel O’Sullivan Beare, ex-cónsul en Río de Janeiro, quien afirmaba haber visitado una ciudad perdida y muy parecida a la del Manuscrito 512, a pocos días de camino de la ciudad de Salvador de Bahía.
Según mencionó Fawcett en su libro, después de recorrer la región del río Gongogi logró reunir nuevos testimonios de la existencia de diferentes ciudades perdidas.

EXPEDICIÓN FINAL
En 1925, con el apoyo de un grupo financiero basado en Londres, denominado The Globe (El Guante), Fawcett regresó a Brasil con su hijo mayor Jack para realizar una expedición con el propósito de descubrir aquellas ciudades perdidas. Antes de partir, dejó instrucciones declarando que si él y sus compañeros no volvieran, ninguna expedición debería ser enviada a su encuentro o de lo contrario, los rescatadores corrían el riesgo de sufrir el mismo destino.
Siendo un hombre con años de experiencia, Fawcett viajaba con todos los pertrechos cuidadosamente escogidos, tales como alimentos enlatados, leche en polvo, armas, pistolas de bengalas y, por supuesto, un sextante y un cronómetro (inventado por John Harrison) para determinar la latitud y la longitud. También escogió personalmente a sus compañeros para esta expedición, ambos elegidos por su salud física, habilidad y lealtad el uno al otro: su hijo mayor Jack Fawcett y un amigo de muchos años, Raleigh Rimell. Fawcett eligió sólo dos compañeros, de modo que podrían viajar más ligeramente y pasar más desapercibidos por las tribus de la selva, siendo algunas de éstas muy hostiles hacia los exploradores. Por aquel entonces, muchas tribus aún no habían entrado en contacto con los blancos.
El 20 de abril de 1925, su última expedición partió de Cuiabá. Además de sus dos compañeros, Fawcett llevaba dos arrieros brasileños, dos caballos, ocho mulas y dos perros. El último mensaje de la expedición databa del 29 de mayo de 1925, cuando Fawcett le escribió una carta a su esposa en la cual le decía que estaba listo para penetrar en territorio inexplorado, acompañado únicamente de Jack y Raleigh Rimell; la carta fue enviada con ayuda de un mensajero indígena. Se informó que estaban cruzando el Alto Xingú, un afluente sudoriental del río Amazonas. La última carta, escrita en Dead Horse Camp, indicaba su ubicación y tenía un tono optimista. Desde entonces nada más se supo de ellos.
Muchos supusieron que los indígenas locales los habían matado, ya que por aquel entonces varias tribus habitaban en las cercanías: los kalapalos, quienes fueron los últimos en verlos, o los arumás, suyás o xavantes, en cuyo territorio estaban entrando. Ambos jóvenes ya estaban enfermos y caminaban con dificultad cuando fueron vistos por última vez, pero no existió ninguna prueba de que fueran asesinados. También es probable que murieran de causas naturales en la selva brasileña.
En 1927 una placa de identificación con el nombre de Fawcett fue encontrada en una tribu indígena. En junio de 1933, una brújula de teodolito perteneciente a Fawcett se localizó cerca de los indios baclary del Mato Grosso por el coronel Aniceto Botelho. Como se pudo averiguar posteriormente, la placa con el nombre de Fawcett era de la época de su expedición de 1921 y lo más probable es que el coronel la hubiera ofrecido como regalo al jefe de la tribu; en el caso de la brújula también se pudo probar que había sido dejada antes de que Fawcett se hubiese adentrado en la selva en su viaje final.

EXPEDICIONES POSTERIORES Y TEORÍAS AL RESPECTO
Durante las décadas siguientes, varios grupos efectuaron expediciones de rescate sin resultados. Lo que lograron recopilar solamente fueron varios rumores que no pudieron ser verificados. Además de relatos según los cuales Fawcett había sido muerto por indios o animales salvajes, existió una historia según la cual, Fawcett había perdido la memoria y pasó el resto de su vida como jefe de una tribu de caníbales.
Aproximadamente un centenar de los “potenciales rescatadores” perecieron en más de trece expediciones enviadas para desvelar el destino de Fawcett. Una de las primeras expediciones estaba dirigida por el explorador estadounidense George Miller Dyott en 1927, quien afirmó haber encontrado pruebas de la muerte de Fawcett a manos de los indios aloique, pero la veracidad de su historia fue pronto puesta en duda. Otra expedición de 1951 desenterró huesos humanos que más tarde resultaron no tener relación con Fawcett o sus compañeros. Los indios de la tribu kalapalo capturaron a los miembros de la expedición de 1996, pero los liberaron unos días más tarde cuando les dejaron todas sus pertenencias.

HISTORIA DE VILLAS-BOAS
El explorador danés Arne Falk-Ronne viajó al Mato Grosso en la década de 1960. En un libro de treinta años después, escribió que supo el destino de Fawcett de boca de Orlando Villas-Boas, quien lo había oído de uno de los asesinos de Fawcett.
Por lo visto, el coronel y sus compañeros tuvieron un accidente en el río y perdieron la mayor parte de los regalos que habían traído para las tribus indígenas. Seguir el camino sin los obsequios resultaba una violación del protocolo local; ya que los miembros de la expedición entonces estaban todos más o menos seriamente enfermos y la tribu kalapalo que ellos encontraron, decidió matarlos. Los cadáveres de Jack Fawcett y Raleigh Rimell fueron lanzados al río; el coronel Fawcett, considerado un anciano y por lo tanto distinguido, recibió un entierro apropiado.
Falk-Ronne visitó la tribu kalapalo y relató que uno de sus miembros había confirmado la historia de Villa-Boas sobre cómo y por qué Fawcett había sido asesinado.

EL MISTERIO SOBRE LOS RESTOS DE FAWCETT
En 1951, Orlando Villas-Boas supuestamente recibió los huesos restantes del esqueleto de Fawcett y los hizo analizar científicamente. Según se afirma, el análisis confirmó que los huesos pertenecían a Fawcett. Sin embargo, Brian Fawcett (1906-1984), hijo menor del coronel, rehusó aceptarlos.
Villas-Boas afirmó que Brian estuvo demasiado interesado en obtener dinero de la venta de libros sobre la desaparición de su padre. Un análisis científico posterior confirmó que los huesos no eran de Fawcett. Desde 1965 los huesos, según se informó, descansaban en una caja en el apartamento de uno de los hermanos Villa-Boas en Sao Paulo.
En 1998, el explorador inglés Benedict Allen intentó dirigirse a los indios kalapalo, los que según Villa-Boas habían admitido que mataron a los tres miembros de la expedición Fawcett. Un anciano de dicha tribu, afirmó durante una entrevista filmada por la BBC que los huesos encontrados por Villas-Boas aproximadamente 45 años antes no eran realmente de Fawcett. También negó que su tribu hubiese tenido participación alguna en su desaparición. No existe por lo tanto ninguna prueba contundente que apoye una u otra declaración.
En el año 2005, David Grann, reportero titular de la revista The New Yorker, visitó la tribu kalapalo y descubrió que ésta había transmitido una historia oral sobre Fawcett, uno de los primeros blancos que la tribu había visto. Esta historia oral aseguraba que Fawcett y su grupo se habían quedado en su pueblo y luego habían marchado en dirección hacia el este. Los kalapalo advirtieron a Fawcett y sus compañeros que no tomaran ese camino, pues serían muertos por los llamados “indios feroces” que ocupaban aquel territorio. Sin embargo, Fawcett insistió en ir.
Durante cinco días, los kalapalo observaron el humo de la fogata de la expedición antes de que desaparecieran, asegurando que los “indios feroces” los habían matado a todos.
El artículo también relataba que una gran civilización llamada kuhikugu realmente pudo haber existido cerca de donde Fawcett buscaba, como fue descubierto posteriormente por el arqueólogo Michael Heckenberger y otros.
Los hallazgos del reportero David Grann están relatados en su libro The Lost City of Z (2009).

THOR HEYERDAHL (1914 – 2002)



Se trata del más moderno de cuantos personajes hasta la fecha han ocupado esta galería de Grandes Viajeros. Explorador y biólogo noruego que nació en Larvik, Vestfold, el 6 de octubre de 1914 e hizo su especialización en la Universidad de Oslo.

EXPEDICIÓN KON-TIKI
Thor Heyerdahl se hizo célebre por la expedición Kon-tiki de 1947, que navegó por el océano Pacífico en una balsa construida con troncos, plantas y materiales naturales de Sudamérica.
Navegó 8.000 kilómetros desde Perú hasta el archipiélago Tuamotu. La balsa estaba tripulada por seis hombres: El propio Heyerdahl, Knut Haugland, Bengt Danielsson, Erick Hesselberg, Torstein Raaby y Herman Watzinger.
Esta expedición demostró que no había razones técnicas para impedir que los habitantes de América del Sur se hubieran establecido en las islas del archipiélago de Polinesia. No obstante, basándose en elementos físicos y genéticos, la mayoría de los antropólogos, continúa pensando que la Polinesia fue colonizada desde el Oeste hacia el Este, con migraciones que partían del continente asiático.
En la expedición, él y un pequeño grupo fueron hasta América del Sur, donde utilizaron árboles y otros materiales autóctonos para construir una balsa, la cual chocó contra un arrecife en Raroia, archipiélago de Tuamotu el 7 de agosto de 1947, después de 101 días de viaje por el océano Pacífico, probando cómo los pobladores prehistóricos podrían haber viajado. La única tecnología moderna que poseían eran los equipos de comunicaciones y las cuerdas con que amarraron los troncos. En una de las islas de su destino les dijeron que ellos las habrían amarrado con fibra de coco, pues aguantaba más. Para alimentarse, se proveían de lo que el océano les brindaba.
El documental de la expedición Kon-tiki (producido por Olle Nordemar), ganó un  premio de la Academia en 1951. También fue nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2013, el film basado en esta historia.
“Si me hubieran preguntado a los diecisiete años de edad si viajaría en el mar en una balsa, habría negado absolutamente esa posibilidad. A esa edad sufría de fobia al agua” -dijo Heyerdahl-

OTRAS EXPEDICIONES
En los años siguientes, Heyerdahl estuvo implicado en muchas otras expediciones y proyectos arqueológicos. Sin embargo, aún se le conoce más por la construcción de botes y por su difusión antropológica. Junto con el antropólogo mexicano Santiago Genovés construyó los botes Ra y Ra-II para demostrar que los antiguos egipcios podrían haberse comunicado con América.
El 17 de mayo de 1970 se propuso navegar desde Marruecos en el bote de papiro Ra-II a través del océano Atlántico. Por un documental acerca de estos viajes, The RA Expeditions, el propio Thor Heyerdahl y Lennartt Ehrenborg recibieron, como productores, una nominación al Óscar en 1971.
Su siguiente bote, Tigris, fue creado para demostrar que la cultura del valle del Indo, en Pakistán, habría podido conectarse con la de Mesopotamia. El Tigris fue incendiado deliberadamente en Yibuti el 3 de abril de 1978 como protesta contra las violentas guerras de cada lado del mar Rojo y África.
“¿Fronteras? Nunca he visto una. Pero he oído que existen en las mentes de algunas personas” -llegó a manifestar Heyerdahl-
Era miembro de la Academia Noruega de las Ciencias y las Letras y acumuló infinidad de distinciones a lo largo de su vida.
Este destacado explorador, biólogo y notable viajero de la época moderna, falleció en el año 2002.

ROBERT FALCON SCOTT (1868 – 1912)

(2ª Parte)
 
CAMINO DEL POLO SUR (1910-1912)
La Real Sociedad Geográfica expresó su esperanza de que la Expedición Terra Nova pudiera ser principalmente científica, con la exploración y el Polo Sur como objetivos secundarios, pero a diferencia de la Expedición Discovery, nadie de esta Sociedad o de la Real Society estuvo a cargo en esta ocasión. En su folleto de la expedición Scott dejó claro que su objetivo prioritario era alcanzar el Polo Sur, y así asegurar para el Imperio Británico el gran honor de este logro. Como Markham observó, Scott “había sido mordido por la manía del Polo”.
Scott no sabía que la expedición iba a ser una carrera hasta que recibió en Melbourne un telegrama del noruego Roald Amundsen, en octubre de 1910. Antes de esto, el británico había estado configurando la expedición de acuerdo a sus preferencias, sin las restricciones de ninguna comisión mixta. En lo que a transporte se refería, decidió que los perros de trineo serían sólo un elemento dentro de una compleja estrategia que también implicaba caballos y trineos motorizados, además de mucha mano de obra humana. Scott no sabía nada de caballos, pero le pareció que a Shackleton le habían sido muy útiles y decidió emplearlos. El experto en canes Cecil Meares fue a Liberia a seleccionar perros y Scott le ordenó que cuando estuviera allí comprara ponis manchúes. Meares no era un buen comprador de caballos y los ponis que eligió resultaron ser en su mayor parte poco aptos para una estancia prolongada en la Antártida. Mientras tanto, Scott viajó a Francia y Noruega para probar trineos motorizados y reclutó a Bernard Day, de la expedición de Shackleton, como experto en este tema.

PRIMERA TEMPORADA
La propia expedición sufrió pronto algunas desgracias que dificultaron los trabajos durante la primera temporada y entorpecieron los preparativos para la principal marcha polar. En su viaje de Nueva Zelanda a la Antártida, el Terra Nova quedó atrapado en el hielo durante veinte días, mucho más tiempo que otros barcos, por lo que llegaron a finales de la temporada y tuvieron menos tiempo para los preparativos previos al invierno antártico. Uno de los trineos motorizados se perdió durante el desembarco al hundirse bajo el mar helado.
El empeoramiento de las condiciones climatológicas y los ponis débiles y mal aclimatados afectaron al despliegue inicial del viaje por lo que el principal punto de suministro, One Ton Depot, hubo de situarse a 56 kilómetros al norte de su ubicación planeada en 80º S.
Lawrence Oates, encargado de los ponis, aconsejó a Scott que sacrificara los ponis para obtener comida y que avanzara el punto de suministro al lugar previsto inicialmente, pero éste se negó a ambas cosas. Se afirma que Oates le dije a Scott “Señor, me temo que va a lamentar no aceptar mi consejo”. Seis ponis murieron durante este viaje, ya sea por frío o porque hubieron de ser sacrificados para no ralentizar al equipo. Durante el retorno a su base tuvieron noticia de la presencia de Amundsen, que había acampado en la bahía de las Ballenas, a unos 320 kilómetros al este de la posición británica, con su equipo y un gran contingente de perros.

VIAJE AL POLO SUR
El 1 de noviembre comenzó la marcha hacia el sur, compuesta por una caravana de grupos mixtos de transporte (trineos motorizados, perros y ponis) y trineos a distintas velocidades, todo esto diseñado para dar apoyo al grupo final de cuatro hombres que intentaría llegar al Polo Sur. Scott ya había bosquejado previamente sus planes para el viaje al sur a todo el grupo en la costa, aunque sin especificar el papel de cada uno, por lo que nadie conocía quienes compondrían el grupo polar definitivo. Durante el viaje Scott emitió varias órdenes conflictivas sobre el uso futuro de los perros en la expedición, y no dejó claro si serían reservados para próximas operaciones científicas o para asistir al grupo a su vuelta a casa. Los subordinados de Scott regresaron a la base sin estar seguros de sus intenciones, y por tanto no recurrieron a los perros en un intento de apoyar al grupo que retornaba del polo en el caso que surgiera la necesidad.
El grupo sur fue reduciendo su número a medida que los sucesivos equipos de apoyo se daban la vuelta. Para el 4 de enero de 1912 los dos últimos grupos de cuatro hombres habían alcanzado la latitud 87º 34’ S. Scott anunció su decisión: cinco hombres (el propio Scott, Edward Wilson, Henry Bowers, Lawrence Oates y Edgar Evans) seguirían adelante y los otros tres (Teddy Evans, William Lashly y Tom Crean) podrían regresar. El grupo elegido prosiguió su marcha y alcanzó el Polo Sur el 17 de enero de 1912, pero solo para encontrarse que los noruegos de Roald Amundsen lo habían hecho cinco semanas antes. La angustia de Scott ante ese descubrimiento quedó reflejada en su diario: “Lo peor ha sucedido. Todos los sueños del día se han evaporado. Dios mío, este lugar es horrible”.
ÚLTIMA MARCHA
El desmoralizado grupo de exploradores comenzó el viaje de retorno de 1300 kilómetros el día 19 de enero de 1912. Al día siguiente Scott escribió: “Me temo que el viaje de regreso va a ser terriblemente agotador y monótono”. Sin embargo, a pesar del mal tiempo, el grupo avanzó a buen ritmo y habían recorrido los 500 kilómetros de la etapa de la llanura antártica para el 7 de febrero. En los días siguientes el grupo afrontó el descenso de 160 kilómetros del glaciar Beardmore, donde se deterioró mucho la condición física de Edgar Evans, circunstancia que ya había advertido con preocupación Scott el 23 de enero. Una caída el 4 de febrero dejó a Evans desmoralizado e incapaz, y el día 17, tras una nueva caída, murió cerca del pie del glaciar.
Con 670 kilómetros todavía por desandar a través de la barrera de hielo de Ross, las perspectivas del grupo empeoraron mientras avanzaba hacia el norte con un tiempo cada vez peor, congelación ceguera de las nieves, hambre y agotamiento general. El 16 de marzo Oates, cuya condición se había deteriorado por el empeoramiento de una antigua herida de guerra hasta el extremo de no poder caminar, salió voluntariamente de la tienda de campaña y se alejó hasta morir congelado. Scott dejó escrito que sus últimas palabras fueron: “Voy a salir fuera y puede que por algún tiempo”.
Después de caminar otros 30 kilómetros, los tres miembros restantes del grupo montaron su último campamento el 19 de marzo, a unos 19 kilómetros del depósito de suministros One Ton Depot, pero a 38 kilómetros de la localización prevista originalmente para este. Al día siguiente una fuerte ventisca les impidió hacer ningún progreso, y en los siguientes nueve días, con sus suministros agotándose, los dedos congelados, la luz escasa y las tormentas azotando el exterior de la tienda, Scott escribió sus últimas palabras, a pesar de haber renunciado a continuar su diario el 23 de marzo, para concluir así: “Última entrada. Por el amor de Dios, cuida de nuestra gente”.
Dejó cartas dirigidas a las madres de Bowers y Wilson, a varias personas importantes como su antiguo comandante Sir George Egerton, a su propia madre y a su esposa. También escribió un mensaje al público, esencialmente una defensa de la organización y conducta de la expedición en la que atribuía el fracaso del grupo al mal tiempo y otras desgracias, pero finalizando con una inspiradora nota que decía: “Tomamos riesgos, lo sabíamos, las cosas han ido en nuestra contra y por lo tanto no tenemos motivo de queja, sino solo someternos a la voluntad de la Providencia, determinados todavía a hacer lo mejor hasta el final… Si hubiéramos vivido, debería haber contado la historia de la audacia, resistencia y coraje de mis compañeros, que han llenado el corazón de todos los ingleses. Éstas ásperas notas y nuestros cadáveres deberán contar la historia. Sin duda, un gran país como el nuestro se encargará de que todos los que dependen de nosotros estén adecuadamente provistos”.
Se calcula que Scott debió morir el 29 de marzo de 1912, un día después de escribir estas notas. Las posiciones de los cuerpos en la tienda de campaña cuando fueron descubiertos icho meses después sugieren que Scott fue el último de los tres en fallecer.
Los cuerpos de Scott y sus compañeros fueron descubiertos por un grupo de búsqueda el 12 de noviembre de 1912. También se recuperaron sus escritos. Su último campamento se convirtió en su tumba, pues se erigió un montículo de nieve sobre él coronado por una cruz cristiana. En enero de 1913, antes de que el Terra Nova zarpara de vuelta, los carpinteros del barco elaboraron una gran cruz de madera, sobre la que se inscribieron los nombres de los fallecidos y una línea del poema Ulises de Alfred Tensión: “Esforzarse, buscar, encontrar y no ceder”. La cruz se colocó como memorial permanente en lo alto de la colina Observation Hill, sobre el campamento de la península Hut Point.
El mundo supo de la tragedia cuando el Terra Nova llegó a Oamaru en Nueva Zelanda, el 10 de febrero de 1913. Pocos días después Scott se convirtió en un icónico héroe británico y el fervor patriótico del Reino Unido se despertó coincidiendo con el funeral y memorial en la catedral de San Pablo de Londres. El periódico London Evening News hizo un llamamiento para que la historia se estudiara en todas las escuelas del país.
Los supervivientes de la expedición fueron extensamente honrados a su retorno, con medallas y ascensos para el personal naval. En lugar del nombramiento de caballero que habría recibido su marido si hubiera sobrevivido, a Kathleen Scott se le garantizó el rango y la distinción de una viuda de un caballero comandante de la Orden del Baño.
En 1922 ella se casó con Edward Hilton Young, que luego sería Lord Kennet y la convertiría a ella en Lady Kennet, y fue una firme defensora de la reputación de Robert Scott hasta su muerte, en 1947, a los 69 años.