JEAN DE THÉVENOT (1633 – 1667)



Conocido viajero y orientalista francés que escribió extensamente acerca de sus viajes por Europa, África del Norte, Orienta Medio y la India. También fue lingüista, naturalista y botánico.
Fue considerado como el introductor del grano de café en París en 1657, después de que el comerciante Jean de la Rocque, de regreso de Constantinopla, lo introdujera en Marsella en 1644.
Nacido en París y educado en el Collège de Navarre, Jean de Thévenot era sobrino de Melchisédech Thévenot, un reputado escritor, científico, viajero, cartógrafo, orientalista, inventor y diplomático.

PRIMEROS VIAJES POR EUROPA
Thévenot concibió el deseo de viajar con la lectura de literatura de viajes, y su riqueza le permitió cumplir con tal deseo. Dejó Francia en 1652 y visitó por primera vez Inglaterra, Países Bajos, Alemania e Italia. En Roma se encontró con Barthélemy d’Herbelot de Molainville, que lo invitó a acompañarle en un viaje proyectado por el Levante mediterráneo. D’Herbelot fue detenido por asuntos privados, pero Thévenot navegó desde Roma en mayo de 1655 y, tras esperar en vano cinco meses en Malta, ya solo, tomó un pasaje para Constantinopla.

ORIENTE PRÓXIMO Y ORIENTE MEDIO
Permaneció en Constantinopla hasta el siguiente mes de agosto, y luego continuó por Esmirna, las islas griegas y finalmente Egipto, desembarcando en Alejandría el día de Año Nuevo de 1657. Permaneció durante un año en Egipto; luego visitó el Sinaí y, al regresar a El Cairo, se unió a la caravana de la Cuaresma que peregrinaba a Jerusalén (de esta época se cree que fue nombrado caballero del Santo Sepulcro, apoyándose en que la Cruz de Jerusalén figuraba en sus armas y que en una de sus obras, hay un grabado que le representa con ella colgada al cuello). Visitó los principales lugares de peregrinación en Palestina y, después de ser apresado dos veces por corsarios, volvió por mar a Damietta y estaba de nuevo en El Cairo a tiempo para ver la apertura del canal por la crecida del Nilo (14 de agosto 1658).
En enero de 1659 zarpó de Alejandría en un barco inglés, visitando en el camino los puertos hoy tunecinos de La Goleta y Túnez, y después de un fuerte enfrentamiento con corsarios españoles, uno de los cuales pidió un rescate al mercante inglés, llegó a Livorno (Italia) el 12 de abril. Pasó cuatro años en su casa con estudios útiles para el viajero.

OTROS VIAJES (1663-1667)
En noviembre de 1663 navegó de nuevo a Oriente, haciendo escala en Alejandría y desembarcando en Sidón, desde donde procedió por tierra a Damasco, Alepo, y luego a través de Mesopotamia hasta Mosul, Bagdad y Mandali (Irak en la actualidad).
Entró en el Imperio Persa (27 de agosto de 1664), continuando por Kermanshah y Hamadan hasta la ciudad de Isfahan, donde pasó cinco meses (desde octubre de 1664 a febrero de 1665), luego se unió a la empresa del comerciante Jean-Baptiste Tavernier, siguiendo por Shiraz y Lar hasta el puerto de Bandar Abbás, en la boca del estrecho de Ormuz, con la esperanza de encontrar un pasaje a la India. Esto resultó difícil, debido a la oposición de los neerlandeses, y aunque Tavernier fue capaz de continuar, Thévenot encontró más prudente regresar a Shiraz. Después de visitar las ruinas de Persépolis, hizo el camino hasta Basora y se embarcó para la India el 6 de noviembre de 1665 en el buque Hopewell, llegando al puerto de Surat el 10 de enero de 1666.
Estuvo en el Imperio Mogol de la India, donde durante trece meses recorrió el país, yendo de Golconda a Masulipatam, y regresando por tierra a Surat, desde donde navegó a Bander-Abbasi y subió a Shiraz. Pasó el verano de 1667 en Isfahan, incapacitado por un disparo accidental de pistola. En octubre se dirigió a Tabriz, pero murió en el camino a Miyana el 28 de noviembre de 1667.

MÚLTIPLES ESCRITOS DE VIAJES
Thévenot fue un políglota consumado, experto en turco, árabe y persa, y un curioso y diligente observador. También fue muy experto en ciencias naturales, especialmente en botánica, en la que hizo grandes colecciones en la India.
El relato de su primer viaje fue publicado en París en 1665 con el título de Relation d’un voyage fait au Levant. Constituyó la primera parte de su colección de Voyages. La licencia se dató en diciembre de 1663 y el prólogo muestra que el propio Thévenot dispuso su publicación antes de salir en su segundo viaje.
Entre otras cosas, fue uno de los primeros viajeros europeos que incluyó una historia acerca del origen del documento árabe medieval, la Achtiname de Mahoma, que afirma que el profeta Mahoma había confirmado personalmente la concesión de protección y otros privilegios a los monjes del Monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí.
La segunda y tercera partes de los Voyages de Thévenot se publicaron póstumamente, a partir de sus diarios, en 1674 y 1684. Una edición completa apareció en París en 1689, y una segunda, in duodecimo, en Ámsterdam en 1727 (cinco volúmenes). Existe una temprana traducción al inglés realizada por A.Lovell (Londres 1687).

ÁLVARO DE MENDAÑA Y NEIRA (1541 – 1595)



Adelantado y navegante español, llevó a cabo dos expediciones al Pacífico y descubrió las Islas Salomón y las Islas Marquesas.
Se conocen muchas cosas de los primeros años de su vida. Embarcó hacia el Perú con el nombre de Álvaro Rodríguez y Neira y en ocasiones se le denominaba Mendaña y Castro. En sus tiempos se lo identificaba como gallego, posiblemente de Neira. Pero según una investigación documental posterior, era de Congosto, en la comarca leonesa de El Bierzo.
Su padre, Rodríguez, era de la familia Mendaña y su madre, Ysabel de Neira, hermana de Lope García de Castro.
Mendaña acompañó a su tío Lope en 1563 cuando éste fue nombrado presidente de la Real Audiencia de Lima (Perú).

PRIMER VIAJE : ISLAS SALOMÓN
Los españoles supieron de boca de los quechuas la leyenda que decía que hacia el oeste se encontraban unas islas llenas de oro. Inmediatamente se compararon estas islas con la Tierra de Ofir, donde estaban las minas de oro del rey Salomón. Como el cargo de virrey del Perú se hallaba vacante, el presidente de la Audiencia, Lope García de Castro, ejercía las funciones de virrey y encargó la dirección de la expedición a su sobrino Mendaña, en contra de las aspiraciones de Pedro Sarmiento de Gamboa, que reivindicaba la iniciativa de la expedición.
Las naves de la expedición eran Los Reyes y Todos los Santos, de 300 y 200 toneladas, respectivamente. Los capitanes eran Pedro Sarmiento de Gamboa y Pedro de Ortega Valencia y el piloto mayor Hernán Gallego. La tripulación constaba de unos 150 hombres, incluidos marineros, soldados, cuatro frailes franciscanos y una veintena de esclavos. El objetivo de la expedición era buscar la supuesta Terra Australis incógnita, explorar sus recursos y estudiar las posibilidades de colonización. Mendaña llevaba la orden de fundar un establecimiento.
La expedición partió de El Callao, el puerto de Lima, el 20 de noviembre de 1567. Después de pasar el 15 de enero de 1568 por delante de la isla de Jesús (Nui), en las islas Tuvalu, llegó sin escalas a la primera de las Islas Salomón, Santa Isabel, el 7 de febrero, en donde una parte de la expedición construyó un bergantín y otra parte exploró las islas cercanas: Ramos, La Galera, Buena Vista, Flores, San Dunas, San Germán, Guadalupe, Guadalcanal, San Jorge, San Nicolás, Arrecifes y San Marcos, llegando el 25 de mayo de retorno a Santa Isabel.
El mar entre el Perú y la isla Nui fue bautizado como golfo de la Concepción y golfo de la Candelaria. Durante seis meses permanecieron en la isla de Santa Isabel, Guadalcanal y San Cristóbal (Makira) y exploraron una veintena de islas. Aunque no encontraron oro, el nombre de Islas Salomón ya había hecho fortuna. El viaje de vuelta lo hicieron por la ruta utilizada por el Galeón de Manila hasta Acapulco, partiendo por la isla de San Francisco (isla Wake).

SEGUNDO VIAJE : ISLAS MARQUESAS
Durante veinticinco años Mendaña intentó hacer un segundo viaje para colonizar las Islas Salomón. Aunque tenía la aprobación del rey, se encontró con el rechazo de las autoridades coloniales, descontentas con los resultados del primer viaje, y con la de los enemigos de su tío, que había muerto. Fue el nuevo virrey, García Hurtado de Mendoza, IV marqués de Cañete, quien patrocinó la nueva expedición gracias a la influencia de la mujer de Mendaña, Isabel de Barreto.
Se organizó como una expedición privada donde el virrey aportaba los efectivos militares, en tanto que Mendaña convencía a mercaderes y colonos para participar en la aventura. El objetivo era establecer una colonia en las Islas Salomón impidiendo que los piratas ingleses encontraran un refugio en el Pacífico desde donde pudieran atacar las Filipinas o la costa americana.
Se embarcaron unas 400 personas, entre las que se encontraban pasajeros con sus mujeres y esclavos dispuestos a fundar una colonia. Acompañaban al general su mujer Isabel de Barreto y tres cuñados. El piloto mayor de la expedición, y capitán de la nave principal era el portugués Pedro Fernández de Quirós. Los cuatro barcos eran:
  • San Gerónimo, nave capitana, galeón de 200 a 300 toneladas. Capitán y piloto mayor: Pedro Fernández de Quirós.
  • Santa Ysabel, nave almirante, galeón de 200 a 300 toneladas. Capitán Lope de Vega. Desapareció el 7 de septiembre de 1595.
  • San Felipe, galeota de 30 a 40 toneladas. Propietario y capitán Felipe Curzo. Desapareció el 10 de diciembre de 1595.
  • Santa Catalina, fragata de 30 a 40 toneladas. Propietario y capitán Alonso de Leyra. Despareció el 19 de diciembre de 1595.
La segunda expedición partió también del puerto de El Callao y, después de hacer escala en Paita, encontró las Islas Marquesas que bautizó en honor al virrey, el marqués de Cañete.
Durante diez días exploró las islas del sur del archipiélago. De nuevo de camino hacia el oeste, pasó por delante de una de las islas Cook y de una de las Tuvalu, hasta llegar a las islas de Santa Cruz, archipiélago del sur de las Islas Salomón. Al pasar junto a Tinakula, un volcán que se encontraba en plena actividad, desapareció la Santa Isabel.
Fundó una colonia en las islas Santa Cruz, pero enfermó de malaria y perdió el control de la situación. Los soldados cometieron crímenes y excesos con los indígenas y se produjo un intento de rebelión.
El 18 de octubre de 1595 murió Mendaña y se hizo cargo de la expedición su mujer Isabel de Barreto.
Al deteriorarse la situación, decidieron abandonar la colonia y poner rumbo a las Filipinas. Por el camino se perdieron la San Felipe y la Santa Catalina y sólo llegaron al puerto de Manila la San Gerónimo, guiada por Pedro Fernández de Quirós.

ELLA MAILLART (1903 - 1997)



Esta escritora, fotógrafa suiza y gran viajera, hija de Paul Maillart, un peletero de Ginebra de ideología liberal, y de Dagmar Klim, una deportista danesa, empezó realizando un crucero por el Mediterráneo y tal fue su afición al mundo del viaje que llegó hasta el continente asiático y a residir en la India.
Su familia se instaló en Creux de Genthod, a orillas del lago Leman, cuando ella apenas contaba diez años.
Desde muy joven se sintió atraída por el deporte y la superación personal. En esta localidad, Ella Maillart conoció a Hermine de Saussure, hija de un oficial de marina y tataranieta de Horace Benedict, considerado como el fundador del alpinismo, con la que practicó vela y esquí. A los 16 años fundó el primer club de jockey sobre césped de la zona francófona de Suiza, el Champel Jockey Club. Años después realizó a vela la travesía de Cannes a Córcega con Hermine y conoció a Alain Gerbault, que se encontraba preparando su barco Firecrest para su famosa travesía en solitario del océano Atlántico. Participó como representante de Suiza en las regatas de los Juegos Olímpicos de París de 1924 a la caña de un monotipo nacional. Fue la única mujer y la más joven de la competición.
En 1925 se embarcó junto con cuatro jóvenes, entre ellas Miette de Saussure y Marthe Oulié, en un crucero por el Mediterráneo, desde Marsella hasta Atenas. Un cúmulo de circunstancias  y el matrimonio de su amiga Miette con el arqueólogo francés Henri Seyrig, le llevaron a abandonar su sueño de vivir en el mar. Como miembro del equipo suizo de esquí, defendió a su país en los cuatro primeros campeonatos del mundo de esquí alpino de 1931 a 1934.
Atraída por el cine ruso, viajó a Moscú para realizar un reportaje en el que se basó para escribir su primer libro: Parmi la jeunesse russe.

DESCUBRIENDO ASIA
Tras su primera estancia en la capital rusa y la travesía del Cáucaso, en 1930, Ella Maillart recorrió la zona soviética de Asia Central durante el año 1932. Dos años más tarde, el rotativo Le Petit Parisien la envió a Manchukuo, un estado fundado por los japoneses en China en 1932, en donde conoció a Peter Fleming, gran reportero de The Times y agente del M16. En febrero de 1935 inició, junto con Fleming, un viaje de 6.000 kilómetros desde Pekín hasta Srinagar en la India, que duró siete meses y que ambos relataron: Peter Fleming en su libro Courrier de Tartarie y Ella Maillart bajo el título de Oasis Interdites.
En 1937 atravesó India, Afganistán, Irán y Turquía para escribir una serie de reportajes, y en 1939 partió de Ginebra conduciendo un Ford con destino Kabul. En este viaje la acompañó Annemarie Schwarzenbach (que apareció con el nombre de Cristina en el relato del viaje titulado La Voie Cruelle), a quien deseaba ayudar a liberarse de su drogadicción.

CINCO AÑOS EN LA INDIA
De 1940 a 1945 pasó cinco años en la India con los maestros espirituales Ramana Maharishi y Atmananda Krishna Menon.
A su regreso a Suiza descubrió, gracias al pintor Edmond Bille, el pueblo de Chandolin, situado a 2.000 metros de altitud, que se convertiría en el anclaje de su vida nómada. Encargó la construcción de una casa en donde vivió en solitario de mayo a octubre a partir de 1948.
A partir de 1956 y hasta 1987, Ella Maillart se dedicó, como guía cultural, a acompañar a pequeños grupos de viajeros en sus viajes por el continente asiático.
En un artículo titulado Pourquoi vovager (Porqué viajera), Ella hizo suyas las palabras del maestro chino Chiang Tzou: “Si abordamos las cosas desde sus diferencias, incluso el hígado y el bazo son órganos tan alejados como las ciudades de Ch’u y Yueh. Si las abordamos por sus semejanzas, el mundo es uno solo”.
Ella Maillart siguió practicando el ciclismo y el esquí hasta la edad de 80 años.
Meter Fleming escribió sobre Ella Maillart es una necrológica que jamás se publicó, “que se trataba de una viajera llena de valor y de curiosidad, siempre interesada por visitar lugares salvajes y por comprender a su población”, y finalizó diciendo que “nunca contrajo matrimonio”.
Los manuscritos y documentos de Ella Maillart se conservan en la Biblioteca de Ginebra, su obra fotográfica en el Museo Elysée de Lausana y sus películas en la Cinemateca suiza de Lausana.
La pequeña localidad de Chandolin en el Val d’Anniviers (Suiza) rinde homenaje a Ella Maillart, en colaboración con sus amistades, mediante una exposición permanente sobre su trayectoria que permite descubrir, a través de fotografías y de numerosos objetos procedentes de sus viajes, la vida de una mujer con una existencia plena.
Ella Maillart falleció en 1997 a la edad de 94 años.

PERCIVAL H. FAWCETT (1867 - 1925)



Explorador, arqueólogo y militar británico que desapareció bajo circunstancias desconocidas durante una expedición para encontrar una antigua ciudad perdida que creía ser El Dorado, en la selva inexplorada de Brasil.
Nacido el 18 de agosto de 1867 en la localidad de Torquay del condado de Devon (Inglaterra) era hijo de Edward B. y Myra Fawcett. Recibió su educación en el Newton Abbot Proprietary Collage. Su padre, nacido en la India, era miembro de la Royal Geographical Society y, evidentemente, de él heredó su interés por los viajes, la aventura y las exploraciones. Su hermano mayor, Edward Douglas Fawcett (1866-1960) era un alpinista, ocultista oriental y escritor de novelas populares de aventuras.
En 1996 recibió un destino en la Artillería Real y sirvió en Trincomalee (Ceylán), donde además conoció a su esposa. Más tarde trabajó para el servicio secreto británico en África del Norte y aprendió técnicas de topografía. También cultivó la amistad de los reconocidos escritores Henry Rider Haggard y Arthur Conan Doyle. Se da la circunstancia de que éste último usó más tarde sus informes como fuente de inspiración para su famosa novela El mundo perdido.

PRIMERAS EXPEDICIONES
La primera expedición de Fawcett a Sudamérica fue en 1906, cuando a la edad de 39 años viajó a Brasil para cartografiar un área de la selva en la frontera entre Brasil y Bolivia (pampas del río Heath), por encargo de la Royal Geographical Society, que había sido comisionada para cartografiar el área como una tercera parte imparcial en una disputa fronteriza. Llegó a La Paz (Bolivia) en junio. En su expedición de 1907, Fawcett afirmó haber visto y disparado a una anaconda gigantesca de 62 pies de largo, por lo que fue extensamente ridiculizado por la comunidad científica. Describió otros animales misteriosos y desconocidos para la zoología, tales como un pequeño perro de apariencia felina casi del tamaño de un foxhound inglés, que afirmó haber visto dos veces, o la araña gigante apazauca, que se decía que había picado a varios habitantes del lugar.
Fawcett realizó siete expediciones entre 1906 y 1924. Se llevaba bien con los lugareños, sobre todo merced a los regalos con que les obsequiaba, su paciencia y el comportamiento amable que mantenía con ellos. En 1908, rastreó la fuente del río Guaporé y en 1910 hizo un viaje al río Heath (en la frontera de Perú y Bolivia) para encontrar su origen. Después de su expedición de 1913, supuestamente afirmó haber visto perros con narices dobles. Estos muy bien pudieron haber sido sabuesos andinos de dos narices, sobre la base de una investigación documental.
Fawcett formuló sus teorías sobre la “Ciudad Perdida de Z” en Brasil al inicio de la Primera Guerra Mundial. Por aquel entonces regresó a Gran Bretaña para ingresar en el servicio activo. Se ofreció como voluntario para el frente de Flandes, y encabezó una brigada de artillería a pesar de tener casi cincuenta años de edad. Después de la guerra regresó a Brasil para estudiar la fauna local y la arqueología.

BÚSQUEDAS DE UNA CIVILIZACIÓN PREHISTÓRICA
Fawcett había estudiado antiguas leyendas y archivos históricos, convenciéndose de que una ciudad perdida existió en algún lugar de la región de Mato Grosso, una ciudad a la que puso el nombre de “Z”. Según el propio Fawcett, su principal fuente escrita era un documento portugués del siglo XVIII, dejado por un grupo de cazadores de fortuna que anduvieron durante diez años por regiones interiores de Brasil, descubriendo finalmente una antigua ciudad en ruinas (la ciudad perdida del Manuscrito 512). Para él, aquella ciudad o ciudad de Raposo, como prefería llamarla, era una de las varias ciudades perdidas del Brasil, remanentes de una vieja civilización (la Atlántida), cuyo pueblo había degenerado, pero aún conservaba vestigios de un pasado que había caído en el olvido, en momias, pergaminos y láminas de metal cinceladas.
Otro testimonio de la existencia de aquella civilización prehistórica lo representaba para Fawcett una extraña estatuilla de basalto negro de 25 centímetros de alto, cuyo origen no se pudo identificar claramente. Él la obtuvo de su amigo Henry Rider Haggard y la llevaba consigo en su última expedición. Tras recurrir a la ayuda de un psicometrista, según relató el propio Fawcett, llegó a averiguar que la estatuilla era de origen atlante.
En 1921 emprendió una expedición por Bahía, guiándose tanto por el Manuscrito 512, como por el testimonio de otro viajero británico, el coronel O’Sullivan Beare, ex-cónsul en Río de Janeiro, quien afirmaba haber visitado una ciudad perdida y muy parecida a la del Manuscrito 512, a pocos días de camino de la ciudad de Salvador de Bahía.
Según mencionó Fawcett en su libro, después de recorrer la región del río Gongogi logró reunir nuevos testimonios de la existencia de diferentes ciudades perdidas.

EXPEDICIÓN FINAL
En 1925, con el apoyo de un grupo financiero basado en Londres, denominado The Globe (El Guante), Fawcett regresó a Brasil con su hijo mayor Jack para realizar una expedición con el propósito de descubrir aquellas ciudades perdidas. Antes de partir, dejó instrucciones declarando que si él y sus compañeros no volvieran, ninguna expedición debería ser enviada a su encuentro o de lo contrario, los rescatadores corrían el riesgo de sufrir el mismo destino.
Siendo un hombre con años de experiencia, Fawcett viajaba con todos los pertrechos cuidadosamente escogidos, tales como alimentos enlatados, leche en polvo, armas, pistolas de bengalas y, por supuesto, un sextante y un cronómetro (inventado por John Harrison) para determinar la latitud y la longitud. También escogió personalmente a sus compañeros para esta expedición, ambos elegidos por su salud física, habilidad y lealtad el uno al otro: su hijo mayor Jack Fawcett y un amigo de muchos años, Raleigh Rimell. Fawcett eligió sólo dos compañeros, de modo que podrían viajar más ligeramente y pasar más desapercibidos por las tribus de la selva, siendo algunas de éstas muy hostiles hacia los exploradores. Por aquel entonces, muchas tribus aún no habían entrado en contacto con los blancos.
El 20 de abril de 1925, su última expedición partió de Cuiabá. Además de sus dos compañeros, Fawcett llevaba dos arrieros brasileños, dos caballos, ocho mulas y dos perros. El último mensaje de la expedición databa del 29 de mayo de 1925, cuando Fawcett le escribió una carta a su esposa en la cual le decía que estaba listo para penetrar en territorio inexplorado, acompañado únicamente de Jack y Raleigh Rimell; la carta fue enviada con ayuda de un mensajero indígena. Se informó que estaban cruzando el Alto Xingú, un afluente sudoriental del río Amazonas. La última carta, escrita en Dead Horse Camp, indicaba su ubicación y tenía un tono optimista. Desde entonces nada más se supo de ellos.
Muchos supusieron que los indígenas locales los habían matado, ya que por aquel entonces varias tribus habitaban en las cercanías: los kalapalos, quienes fueron los últimos en verlos, o los arumás, suyás o xavantes, en cuyo territorio estaban entrando. Ambos jóvenes ya estaban enfermos y caminaban con dificultad cuando fueron vistos por última vez, pero no existió ninguna prueba de que fueran asesinados. También es probable que murieran de causas naturales en la selva brasileña.
En 1927 una placa de identificación con el nombre de Fawcett fue encontrada en una tribu indígena. En junio de 1933, una brújula de teodolito perteneciente a Fawcett se localizó cerca de los indios baclary del Mato Grosso por el coronel Aniceto Botelho. Como se pudo averiguar posteriormente, la placa con el nombre de Fawcett era de la época de su expedición de 1921 y lo más probable es que el coronel la hubiera ofrecido como regalo al jefe de la tribu; en el caso de la brújula también se pudo probar que había sido dejada antes de que Fawcett se hubiese adentrado en la selva en su viaje final.

EXPEDICIONES POSTERIORES Y TEORÍAS AL RESPECTO
Durante las décadas siguientes, varios grupos efectuaron expediciones de rescate sin resultados. Lo que lograron recopilar solamente fueron varios rumores que no pudieron ser verificados. Además de relatos según los cuales Fawcett había sido muerto por indios o animales salvajes, existió una historia según la cual, Fawcett había perdido la memoria y pasó el resto de su vida como jefe de una tribu de caníbales.
Aproximadamente un centenar de los “potenciales rescatadores” perecieron en más de trece expediciones enviadas para desvelar el destino de Fawcett. Una de las primeras expediciones estaba dirigida por el explorador estadounidense George Miller Dyott en 1927, quien afirmó haber encontrado pruebas de la muerte de Fawcett a manos de los indios aloique, pero la veracidad de su historia fue pronto puesta en duda. Otra expedición de 1951 desenterró huesos humanos que más tarde resultaron no tener relación con Fawcett o sus compañeros. Los indios de la tribu kalapalo capturaron a los miembros de la expedición de 1996, pero los liberaron unos días más tarde cuando les dejaron todas sus pertenencias.

HISTORIA DE VILLAS-BOAS
El explorador danés Arne Falk-Ronne viajó al Mato Grosso en la década de 1960. En un libro de treinta años después, escribió que supo el destino de Fawcett de boca de Orlando Villas-Boas, quien lo había oído de uno de los asesinos de Fawcett.
Por lo visto, el coronel y sus compañeros tuvieron un accidente en el río y perdieron la mayor parte de los regalos que habían traído para las tribus indígenas. Seguir el camino sin los obsequios resultaba una violación del protocolo local; ya que los miembros de la expedición entonces estaban todos más o menos seriamente enfermos y la tribu kalapalo que ellos encontraron, decidió matarlos. Los cadáveres de Jack Fawcett y Raleigh Rimell fueron lanzados al río; el coronel Fawcett, considerado un anciano y por lo tanto distinguido, recibió un entierro apropiado.
Falk-Ronne visitó la tribu kalapalo y relató que uno de sus miembros había confirmado la historia de Villa-Boas sobre cómo y por qué Fawcett había sido asesinado.

EL MISTERIO SOBRE LOS RESTOS DE FAWCETT
En 1951, Orlando Villas-Boas supuestamente recibió los huesos restantes del esqueleto de Fawcett y los hizo analizar científicamente. Según se afirma, el análisis confirmó que los huesos pertenecían a Fawcett. Sin embargo, Brian Fawcett (1906-1984), hijo menor del coronel, rehusó aceptarlos.
Villas-Boas afirmó que Brian estuvo demasiado interesado en obtener dinero de la venta de libros sobre la desaparición de su padre. Un análisis científico posterior confirmó que los huesos no eran de Fawcett. Desde 1965 los huesos, según se informó, descansaban en una caja en el apartamento de uno de los hermanos Villa-Boas en Sao Paulo.
En 1998, el explorador inglés Benedict Allen intentó dirigirse a los indios kalapalo, los que según Villa-Boas habían admitido que mataron a los tres miembros de la expedición Fawcett. Un anciano de dicha tribu, afirmó durante una entrevista filmada por la BBC que los huesos encontrados por Villas-Boas aproximadamente 45 años antes no eran realmente de Fawcett. También negó que su tribu hubiese tenido participación alguna en su desaparición. No existe por lo tanto ninguna prueba contundente que apoye una u otra declaración.
En el año 2005, David Grann, reportero titular de la revista The New Yorker, visitó la tribu kalapalo y descubrió que ésta había transmitido una historia oral sobre Fawcett, uno de los primeros blancos que la tribu había visto. Esta historia oral aseguraba que Fawcett y su grupo se habían quedado en su pueblo y luego habían marchado en dirección hacia el este. Los kalapalo advirtieron a Fawcett y sus compañeros que no tomaran ese camino, pues serían muertos por los llamados “indios feroces” que ocupaban aquel territorio. Sin embargo, Fawcett insistió en ir.
Durante cinco días, los kalapalo observaron el humo de la fogata de la expedición antes de que desaparecieran, asegurando que los “indios feroces” los habían matado a todos.
El artículo también relataba que una gran civilización llamada kuhikugu realmente pudo haber existido cerca de donde Fawcett buscaba, como fue descubierto posteriormente por el arqueólogo Michael Heckenberger y otros.
Los hallazgos del reportero David Grann están relatados en su libro The Lost City of Z (2009).