THOR HEYERDAHL (1914 – 2002)



Se trata del más moderno de cuantos personajes hasta la fecha han ocupado esta galería de Grandes Viajeros. Explorador y biólogo noruego que nació en Larvik, Vestfold, el 6 de octubre de 1914 e hizo su especialización en la Universidad de Oslo.

EXPEDICIÓN KON-TIKI
Thor Heyerdahl se hizo célebre por la expedición Kon-tiki de 1947, que navegó por el océano Pacífico en una balsa construida con troncos, plantas y materiales naturales de Sudamérica.
Navegó 8.000 kilómetros desde Perú hasta el archipiélago Tuamotu. La balsa estaba tripulada por seis hombres: El propio Heyerdahl, Knut Haugland, Bengt Danielsson, Erick Hesselberg, Torstein Raaby y Herman Watzinger.
Esta expedición demostró que no había razones técnicas para impedir que los habitantes de América del Sur se hubieran establecido en las islas del archipiélago de Polinesia. No obstante, basándose en elementos físicos y genéticos, la mayoría de los antropólogos, continúa pensando que la Polinesia fue colonizada desde el Oeste hacia el Este, con migraciones que partían del continente asiático.
En la expedición, él y un pequeño grupo fueron hasta América del Sur, donde utilizaron árboles y otros materiales autóctonos para construir una balsa, la cual chocó contra un arrecife en Raroia, archipiélago de Tuamotu el 7 de agosto de 1947, después de 101 días de viaje por el océano Pacífico, probando cómo los pobladores prehistóricos podrían haber viajado. La única tecnología moderna que poseían eran los equipos de comunicaciones y las cuerdas con que amarraron los troncos. En una de las islas de su destino les dijeron que ellos las habrían amarrado con fibra de coco, pues aguantaba más. Para alimentarse, se proveían de lo que el océano les brindaba.
El documental de la expedición Kon-tiki (producido por Olle Nordemar), ganó un  premio de la Academia en 1951. También fue nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 2013, el film basado en esta historia.
“Si me hubieran preguntado a los diecisiete años de edad si viajaría en el mar en una balsa, habría negado absolutamente esa posibilidad. A esa edad sufría de fobia al agua” -dijo Heyerdahl-

OTRAS EXPEDICIONES
En los años siguientes, Heyerdahl estuvo implicado en muchas otras expediciones y proyectos arqueológicos. Sin embargo, aún se le conoce más por la construcción de botes y por su difusión antropológica. Junto con el antropólogo mexicano Santiago Genovés construyó los botes Ra y Ra-II para demostrar que los antiguos egipcios podrían haberse comunicado con América.
El 17 de mayo de 1970 se propuso navegar desde Marruecos en el bote de papiro Ra-II a través del océano Atlántico. Por un documental acerca de estos viajes, The RA Expeditions, el propio Thor Heyerdahl y Lennartt Ehrenborg recibieron, como productores, una nominación al Óscar en 1971.
Su siguiente bote, Tigris, fue creado para demostrar que la cultura del valle del Indo, en Pakistán, habría podido conectarse con la de Mesopotamia. El Tigris fue incendiado deliberadamente en Yibuti el 3 de abril de 1978 como protesta contra las violentas guerras de cada lado del mar Rojo y África.
“¿Fronteras? Nunca he visto una. Pero he oído que existen en las mentes de algunas personas” -llegó a manifestar Heyerdahl-
Era miembro de la Academia Noruega de las Ciencias y las Letras y acumuló infinidad de distinciones a lo largo de su vida.
Este destacado explorador, biólogo y notable viajero de la época moderna, falleció en el año 2002.

ROBERT FALCON SCOTT (1868 – 1912)

(2ª Parte)
 
CAMINO DEL POLO SUR (1910-1912)
La Real Sociedad Geográfica expresó su esperanza de que la Expedición Terra Nova pudiera ser principalmente científica, con la exploración y el Polo Sur como objetivos secundarios, pero a diferencia de la Expedición Discovery, nadie de esta Sociedad o de la Real Society estuvo a cargo en esta ocasión. En su folleto de la expedición Scott dejó claro que su objetivo prioritario era alcanzar el Polo Sur, y así asegurar para el Imperio Británico el gran honor de este logro. Como Markham observó, Scott “había sido mordido por la manía del Polo”.
Scott no sabía que la expedición iba a ser una carrera hasta que recibió en Melbourne un telegrama del noruego Roald Amundsen, en octubre de 1910. Antes de esto, el británico había estado configurando la expedición de acuerdo a sus preferencias, sin las restricciones de ninguna comisión mixta. En lo que a transporte se refería, decidió que los perros de trineo serían sólo un elemento dentro de una compleja estrategia que también implicaba caballos y trineos motorizados, además de mucha mano de obra humana. Scott no sabía nada de caballos, pero le pareció que a Shackleton le habían sido muy útiles y decidió emplearlos. El experto en canes Cecil Meares fue a Liberia a seleccionar perros y Scott le ordenó que cuando estuviera allí comprara ponis manchúes. Meares no era un buen comprador de caballos y los ponis que eligió resultaron ser en su mayor parte poco aptos para una estancia prolongada en la Antártida. Mientras tanto, Scott viajó a Francia y Noruega para probar trineos motorizados y reclutó a Bernard Day, de la expedición de Shackleton, como experto en este tema.

PRIMERA TEMPORADA
La propia expedición sufrió pronto algunas desgracias que dificultaron los trabajos durante la primera temporada y entorpecieron los preparativos para la principal marcha polar. En su viaje de Nueva Zelanda a la Antártida, el Terra Nova quedó atrapado en el hielo durante veinte días, mucho más tiempo que otros barcos, por lo que llegaron a finales de la temporada y tuvieron menos tiempo para los preparativos previos al invierno antártico. Uno de los trineos motorizados se perdió durante el desembarco al hundirse bajo el mar helado.
El empeoramiento de las condiciones climatológicas y los ponis débiles y mal aclimatados afectaron al despliegue inicial del viaje por lo que el principal punto de suministro, One Ton Depot, hubo de situarse a 56 kilómetros al norte de su ubicación planeada en 80º S.
Lawrence Oates, encargado de los ponis, aconsejó a Scott que sacrificara los ponis para obtener comida y que avanzara el punto de suministro al lugar previsto inicialmente, pero éste se negó a ambas cosas. Se afirma que Oates le dije a Scott “Señor, me temo que va a lamentar no aceptar mi consejo”. Seis ponis murieron durante este viaje, ya sea por frío o porque hubieron de ser sacrificados para no ralentizar al equipo. Durante el retorno a su base tuvieron noticia de la presencia de Amundsen, que había acampado en la bahía de las Ballenas, a unos 320 kilómetros al este de la posición británica, con su equipo y un gran contingente de perros.

VIAJE AL POLO SUR
El 1 de noviembre comenzó la marcha hacia el sur, compuesta por una caravana de grupos mixtos de transporte (trineos motorizados, perros y ponis) y trineos a distintas velocidades, todo esto diseñado para dar apoyo al grupo final de cuatro hombres que intentaría llegar al Polo Sur. Scott ya había bosquejado previamente sus planes para el viaje al sur a todo el grupo en la costa, aunque sin especificar el papel de cada uno, por lo que nadie conocía quienes compondrían el grupo polar definitivo. Durante el viaje Scott emitió varias órdenes conflictivas sobre el uso futuro de los perros en la expedición, y no dejó claro si serían reservados para próximas operaciones científicas o para asistir al grupo a su vuelta a casa. Los subordinados de Scott regresaron a la base sin estar seguros de sus intenciones, y por tanto no recurrieron a los perros en un intento de apoyar al grupo que retornaba del polo en el caso que surgiera la necesidad.
El grupo sur fue reduciendo su número a medida que los sucesivos equipos de apoyo se daban la vuelta. Para el 4 de enero de 1912 los dos últimos grupos de cuatro hombres habían alcanzado la latitud 87º 34’ S. Scott anunció su decisión: cinco hombres (el propio Scott, Edward Wilson, Henry Bowers, Lawrence Oates y Edgar Evans) seguirían adelante y los otros tres (Teddy Evans, William Lashly y Tom Crean) podrían regresar. El grupo elegido prosiguió su marcha y alcanzó el Polo Sur el 17 de enero de 1912, pero solo para encontrarse que los noruegos de Roald Amundsen lo habían hecho cinco semanas antes. La angustia de Scott ante ese descubrimiento quedó reflejada en su diario: “Lo peor ha sucedido. Todos los sueños del día se han evaporado. Dios mío, este lugar es horrible”.
ÚLTIMA MARCHA
El desmoralizado grupo de exploradores comenzó el viaje de retorno de 1300 kilómetros el día 19 de enero de 1912. Al día siguiente Scott escribió: “Me temo que el viaje de regreso va a ser terriblemente agotador y monótono”. Sin embargo, a pesar del mal tiempo, el grupo avanzó a buen ritmo y habían recorrido los 500 kilómetros de la etapa de la llanura antártica para el 7 de febrero. En los días siguientes el grupo afrontó el descenso de 160 kilómetros del glaciar Beardmore, donde se deterioró mucho la condición física de Edgar Evans, circunstancia que ya había advertido con preocupación Scott el 23 de enero. Una caída el 4 de febrero dejó a Evans desmoralizado e incapaz, y el día 17, tras una nueva caída, murió cerca del pie del glaciar.
Con 670 kilómetros todavía por desandar a través de la barrera de hielo de Ross, las perspectivas del grupo empeoraron mientras avanzaba hacia el norte con un tiempo cada vez peor, congelación ceguera de las nieves, hambre y agotamiento general. El 16 de marzo Oates, cuya condición se había deteriorado por el empeoramiento de una antigua herida de guerra hasta el extremo de no poder caminar, salió voluntariamente de la tienda de campaña y se alejó hasta morir congelado. Scott dejó escrito que sus últimas palabras fueron: “Voy a salir fuera y puede que por algún tiempo”.
Después de caminar otros 30 kilómetros, los tres miembros restantes del grupo montaron su último campamento el 19 de marzo, a unos 19 kilómetros del depósito de suministros One Ton Depot, pero a 38 kilómetros de la localización prevista originalmente para este. Al día siguiente una fuerte ventisca les impidió hacer ningún progreso, y en los siguientes nueve días, con sus suministros agotándose, los dedos congelados, la luz escasa y las tormentas azotando el exterior de la tienda, Scott escribió sus últimas palabras, a pesar de haber renunciado a continuar su diario el 23 de marzo, para concluir así: “Última entrada. Por el amor de Dios, cuida de nuestra gente”.
Dejó cartas dirigidas a las madres de Bowers y Wilson, a varias personas importantes como su antiguo comandante Sir George Egerton, a su propia madre y a su esposa. También escribió un mensaje al público, esencialmente una defensa de la organización y conducta de la expedición en la que atribuía el fracaso del grupo al mal tiempo y otras desgracias, pero finalizando con una inspiradora nota que decía: “Tomamos riesgos, lo sabíamos, las cosas han ido en nuestra contra y por lo tanto no tenemos motivo de queja, sino solo someternos a la voluntad de la Providencia, determinados todavía a hacer lo mejor hasta el final… Si hubiéramos vivido, debería haber contado la historia de la audacia, resistencia y coraje de mis compañeros, que han llenado el corazón de todos los ingleses. Éstas ásperas notas y nuestros cadáveres deberán contar la historia. Sin duda, un gran país como el nuestro se encargará de que todos los que dependen de nosotros estén adecuadamente provistos”.
Se calcula que Scott debió morir el 29 de marzo de 1912, un día después de escribir estas notas. Las posiciones de los cuerpos en la tienda de campaña cuando fueron descubiertos icho meses después sugieren que Scott fue el último de los tres en fallecer.
Los cuerpos de Scott y sus compañeros fueron descubiertos por un grupo de búsqueda el 12 de noviembre de 1912. También se recuperaron sus escritos. Su último campamento se convirtió en su tumba, pues se erigió un montículo de nieve sobre él coronado por una cruz cristiana. En enero de 1913, antes de que el Terra Nova zarpara de vuelta, los carpinteros del barco elaboraron una gran cruz de madera, sobre la que se inscribieron los nombres de los fallecidos y una línea del poema Ulises de Alfred Tensión: “Esforzarse, buscar, encontrar y no ceder”. La cruz se colocó como memorial permanente en lo alto de la colina Observation Hill, sobre el campamento de la península Hut Point.
El mundo supo de la tragedia cuando el Terra Nova llegó a Oamaru en Nueva Zelanda, el 10 de febrero de 1913. Pocos días después Scott se convirtió en un icónico héroe británico y el fervor patriótico del Reino Unido se despertó coincidiendo con el funeral y memorial en la catedral de San Pablo de Londres. El periódico London Evening News hizo un llamamiento para que la historia se estudiara en todas las escuelas del país.
Los supervivientes de la expedición fueron extensamente honrados a su retorno, con medallas y ascensos para el personal naval. En lugar del nombramiento de caballero que habría recibido su marido si hubiera sobrevivido, a Kathleen Scott se le garantizó el rango y la distinción de una viuda de un caballero comandante de la Orden del Baño.
En 1922 ella se casó con Edward Hilton Young, que luego sería Lord Kennet y la convertiría a ella en Lady Kennet, y fue una firme defensora de la reputación de Robert Scott hasta su muerte, en 1947, a los 69 años.

ROBERT FALCON SCOTT (1868 – 1912)

(Iª Parte)

Oficial y explorador de la Marina Real Británica, fue quien dirigió dos expediciones a la Antártida: la Expedición Discovery (1901-1904) y la Expedición Terra Nova (1910-1913). Durante su segunda aventura Scott encabezó un grupo de cinco hombres que alcanzó el Polo Sur el 17 de enero de 1912, aunque sólo para descubrir que la expedición noruega de Roald Amundsen se les había adelantado. En su viaje de vuelta, Scott y sus cuatro compañeros perecieron por una combinación de agotamiento, hambre y frío extremo.

Tras conocerse la noticia de su muerte, Scott se convirtió en un icónico héroe británico, un estatus que mantuvo durante más de medio siglo y que quedó reflejado en los numerosos memoriales levantados por todo el país. En las últimas décadas del siglo XX su leyenda fue evaluada de nuevo y la atención se centró en las causas del desastre que terminó con su vida y con la de sus camaradas, así como el grado de culpabilidad del propio Scott. Así, el explorador pasó de leyenda a figura controvertida, cuestionada en su competencia y carácter. En el siglo XXI su figura ha sido considerada, más positivamente y se enfatiza su valentía personal y estoicismo al mismo tiempo que se reconocen sus errores y el fracaso de su expedición se achaca principalmente a la mala fortuna.


PRINCIPIOS DE SU CARRERA NAVAL
Robert Falcon Scott nació el 6 de junio de 1868, tercero de seis hermanos e hijo mayor de John Edward y Ana Scott, en Store Damerel, cerca de Devonport y Plymouth, condado de Devon. Aunque su padre era productor de cerveza y magistrado, había tradición naval y militar en su familia, pues el abuelo de Scott y cuatro de sus tíos habían servido en el ejército o la armada.
John Scott prosperó gracias a la venta de una pequeña cervecería que poseía en Plymouth y que había heredado de su padre. Su infancia fue muy confortable, pero años después, cuando Robert se estaba labrando una carrera en la armada, la familia sufrió graves problemas económicos.
De acuerdo con la tradición familiar, Robert y su hermano pequeño Archibald estaban predestinados a ingresar en las fuerzas armadas. Robert permaneció cuatro años en la escuela local antes de ser enviado a Stubbington House School, en Hampshire, un colegio que preparaba a sus estudiantes para los exámenes de ingreso en el buque escuela HMS Britannia en Dartttmouth. A los 13 años, Robert superó los exámenes y dio comienzo a su carrera naval en 1881 como aspirante.
En julio de 1883 Scott terminó su formación y dejó el Britannia como guardiamarina, séptimo de una clase de veintiséis. En octubre ya estaba en camino a Sudáfrica para embarcar en el HMS Boadicea, buque insignia del Escuadrón del Cabo y primero de los varios barcos en los que serviría durante sus años como guardiamarina. Estando en la isla de San Cristóbal, en el Caribe, a bordo del HMS Rover, se encontró por primera vez con Clements Markham, entonces secretario de la Real Sociedad Geográfica, quien cobraría gran importancia en la carrera posterior de Scott. En aquella ocasión, 1 de marzo de 1887, Markham observó al cúter del guardiamarina Scott ganar la carrera matutina a lo largo de la bahía. Markham tenía la costumbre de hacerse con los servicios de jóvenes oficiales de la marina como Scott con la intención de iniciar en un futuro las exploraciones polares. Quedó impresionado por la inteligencia, entusiasmo y encanto de Scott y tomó nota del guardiamarina de 18 años.
En marzo de 1888, Scott superó los exámenes de alférez de navío con excelentes calificaciones. Su carrera progresaba sin problemas, sirviendo en diferentes buques y ascendiendo a teniente de navío al año siguiente. En 1891, tras un largo tiempo en aguas extranjeras, presentó su candidatura para un curso de entrenamiento torpedero de dos años a bordo del HMS Vernon, un paso importante en su ascenso pues se graduó con excelentes notas tanto en los exámenes prácticos como en los teóricos. En el verano de 1893 ocurrió un pequeño incidente cuando quedó varado un buque torpedero mandado por él, percance que le costó una leve reprimenda.
En 1894, mientras servía como oficial torpedero en el buque HMS Vulcan, Scott tuvo noticia de la mala situación económica de su familia. John Scott, que había vendido la cervecería e invertido de forma imprudente el dinero, se había quedado sin capital y estaba virtualmente en la bancarrota. Con 63 años y una salud precaria, se vio obligado a volver a trabajar como gerente de una cervecería y a trasladar toda su familia a Shepton Mallet, Somerset.
Tres años después. Mientras Robert servía en el HMS Majestic, buque insignia del Escuadrón del Canal, su padre murió de una enfermedad cardiaca y a la familia le sobrevino una nueva desgracia. Ana Scott y sus dos hijas solteras quedaron entonces a expensas del sueldo de Scott y de su hermano Archie, quien había dejado el ejército por un puesto mejor pagado en el servicio colonial. La muerte del propio Archibald en el otoño de 1898, como consecuencia de unas fiebres tifoideas, significó que toda la responsabilidad financiera de la familia recayera sobre Robert.
Los ascensos y el aumento en sus ingresos que estos supondrían, se convirtieron en asunto prioritario para Scott. A principios de junio de 1899, estando de permiso, Scott se encontró casualmente en una calle de Londres con Clements Markham, ya entonces nombrado Sir y presidente de la Real Sociedad Geográfica. También tuvo noticia por primera vez de una inminente expedición a la Antártida bajo el auspicio de la Sociedad, lo que era una oportunidad para asumir un mando y obtener distinción. Se desconoce qué sucedió entre ambos hombres aquel día, pero poco después, el 11 de junio, Scott se presentó en la residencia de Markham y se ofreció voluntario para liderar la expedición.

EXPEDICIÓN DISCOVERY (1901-1904)
La Expedición Antártica Británica, después conocida como Expedición Discovery, fue una empresa conjunta entre la Real Sociedad Geográfica y la Royal Society. Sueño largamente acariciado por Markham, esta necesitó de todas sus habilidades y astucia para llegar a buen puerto, bajo mando naval y en gran parte integrada por personal de la Armada. Scott quizá no fue la primera opción de Markham para liderar la empresa, pero tras decidirse por él su apoyo fue constante. El comité batalló mucho sobre el alcance de las responsabilidades de Scott, pues la Royal Society quería poner a un científico a cargo del programa de la expedición, mientras que Scott sólo mandaría el barco. Sin embargo, se acabó imponiendo la opinión de Markham y Scott recibió todo el mando, para lo que fue ascendido a capitán de fragata (equivalente a teniente coronel) antes de que el Discovery zarpara hacia la Antártida el 31 de julio de 1901.
Hubo muy poco entrenamiento en equipamiento y técnicas antes de que el Discovery se hiciera a la mar. Se llevaron perros y esquís, pero casi nadie sabía como usarlos. Según la opinión de Markham, la profesionalidad se consideraba menos digna que la verdadera aptitud, y posiblemente Scott compartía el mismo punto de vista. En el primero de los dos años enteros que el Discovery pasó en el hielo esta despreocupación fue severamente puesta a prueba, pues la expedición hubo de luchar para afrontar los desafíos de un entorno nada familiar. Así, uno de los primeros intentos por viajar a través del hielo acabó con la muerte de George Vince, que se deslizó por un precipicio el 11 de marzo de 1902.
La expedición tenía objetivos tanto científicos como exploratorios, y éste último incluía un largo viaje en dirección al Polo Sur. Esta marcha realizada por Scott, Ernest Shackleton y Edward Wilson, les llevó a una latitud de 82º 17’S, a unos 850 kilómetros del Polo. En el terrible viaje de vuelta Shackleton sufrió un colapso físico y tuvo que abandonar de forma prematura la expedición. Durante el segundo años se mejoró en equipamiento y logros, lo que culminó en un viaje de Scott hacia el oeste que le permitió descubrir la meseta Antártica, algo que un escritor describió como “uno de los grandes viajes polares”. Los resultados científicos de la expedición incluyeron importantes hallazgos biológicos, zoológicos y geológicos, aunque algunas de las lecturas meteorológicas obtenidas fueron criticadas más tarde como poco profesionales e imprecisas.
Al final de la expedición hubieron de recurrir al apoyo de dos barcos de suministro y el uso de explosivos para liberar al Discovery del hielo. Scott no quedó muy convencido de que los perros y los esquís fueran la clave para realizar viajes eficientes por el hielo, por lo que en los años siguientes, y casi hasta el final de su carrera antártica, continuó expresando la preferencia británica por el arrastre humano. Su insistencia en las formalidades de la Real Armada durante la expedición hizo difíciles las relaciones con el contingente de marinos mercantes, muchos de los cuales volvieron a casa con el primer buque de suministro en marzo de 1903. Al segundo comandante, Albert Armitage, oficial de la marina mercante, se le ofreció la oportunidad de regresar por razones humanitarias, pero interpretó el ofrecimiento como un desaire personal y rehusó. Armitage también promovió la idea de que la decisión de enviar a Shackleton a casa en el barco de suministro se debió más a su mala relación con Scott que a su propio deterioro físico. Aunque tiempo después hubo tensiones entre Scott y Shackleton por el choque de sus ambiciones polares, en público reinó el civismo mutuo entre ambos. Scott se unió a la recepción oficial que se brindó a Shackleton a su regreso de la Expedición Nimrod en 1909 y ambos intercambiaron correspondencia de tono cortés en 1909 y 1910 sobre sus respectivas aspiraciones.

HÉROE POPULAR
El Discovery regresó a Gran Bretaña en septiembre de 1904. La expedición había cautivado la imaginación pública y Scott se convirtió en un héroe popular. Fue galardonado con numerosas medallas y honores, muchos de fuera de su país, y ascendió al rango de capitán de navío (equivalente a coronel). El rey Eduardo VII le invitó al castillo de Balmoral, donde le nombró comendador de la Real Orden Victoriana.
Los siguientes años de Scott fueron muy ajetreados, pues durante más de un año estuvo ocupado en recepciones públicas, conferencias y la redacción del diario de la expedición, The Voyage of the Discovery. En enero de 1906 retomó plenamente su carrera naval, primero como asistente del director de Inteligencia Naval en el Almirantazgo y, en agosto, como capitán de bandera del contralmirante Sir George Egerton a bordo del HMS Victorius. A partir de entonces siempre se movió  en los más altos círculos sociales, pues en un telegrama a Markham en febrero de 1907 se refirió a sus encuentros con la Reina y con el heredero al trono de Portugal, y en una carta a su casa le habló de comidas con el Comandante en jefe de la Flota y con el Príncipe Enrique de Prusia.

DISPUTA CON SHACKLETON
A principios de 1906, Scott había sondeado a la Real Sociedad Geográfica sobre la posible financiación de una futura expedición a la Antártida. Por eso para él fue una noticia inoportuna cuando Ernest Shackleton anunció sus planes de viajar a la vieja base Discovery en el estrecho de McMurdo, desde donde intentaría alcanzar el Polo Sur. Scott afirmó, en una de sus varias cartas a Shackleton, que el área de McMurdo era su propio campo de trabajo porque tenía derechos de precedencia hasta que decidiera renunciar a ellos y que, por lo tanto, Shackleton debería trabajar en un área totalmente distinta. En esto fue apoyado por el que fuera zoólogo de la expedición Discovery Edward Wilson, quien afirmó que los derechos de Scott se extendían a todo el sector del mar de Ross, algo que Shackleton se negó a aceptar. Finalmente, y para concluir la disputa, Shackleton acordó en una carta a Scott el 17 de mayo de 1907, trabajar al oeste del meridiano 170º O y así evitar toda el área familiar del entorno de la base Discovery. Sin embargo, fue incapaz de mantener esta promesa porque no encontró buenos lugares alternativos de desembarco. Basó su expedición en el cabo Royds del estrecho McMurdo, y el incumplimiento del acuerdo provocó una profunda brecha en la relación de Scott con Shackleton.
Ingresado en la Sociedad Eduardiana, conoció por primera vez a Kathleen Bruce a comienzos de 1904 en una comida privada. Ella era escultora, una mujer cosmopolita que había estudiado con Auguste Rodin y cuyo círculo incluía a Isadora Duncan, Pablo Picasso y Aleister Crowley. Su primer encuentro con Scott fue breve, pero cuando se volvieron a ver más tarde ese mismo año, la atracción mutua fue evidente. Siguió un noviazgo tormentoso, pues Scott no era su único pretendiente, sino que su principal rival era el novelista Gilbert Cannan, y sus largas estancias en el mar no ayudaban a la relación. Sin embargo, la persistencia de Scott obtuvo sus frutos y el 2 de septiembre de 1908 contrajeron matrimonio en la Capilla Real del palacio de Hampton Court. Su único hijo, Peter Markham Scott, nació el 14 de septiembre de 1909.
Por aquel entonces Scott ya había anunciado los planes para su segunda expedición antártica. Shackleton había regresado sin poder alcanzar el Polo Sur, algo que le dio mayor ímpetu a Scott. El 29 de de marzo de 1909 fue nombrado asistente naval del Segundo Lord del Mar en el Almirantazgo, con lo que se estableció cómodamente en Londres. En diciembre quedó exento de medio sueldo para tomar el mando a tiempo completo de la Expedición Antártica de 1910, que sería conocida como Expedición Terra Nova por el nombre de su barco el Terra Nova.
                                                     Continuará
 

IBN YUBAR (1145 – 1217)




Abu Al-Hassan Muhammad Ibn Yubair fue un viajero, geógrafo, escritor y poeta hispano árabe medieval
Nacido en la provincia de Valencia, entonces taifa andalusí, e hijo de un funcionario público, estudió en Xátiva, para trasladarse después a Granada, donde según el estilo de la época estudió el Corán, derecho y literatura. Se convirtió más tarde en secretario de la cancillería del gobernador valenciano, Abu Said Utman Abd al-Munim, hijo del califa almohade de Al-Andalus. Durante esta estancia compuso muchos poemas, pero en 1182 tomó la decisión de llevar a cabo su deber de la peregrinación a La Meca con el fin de expiar un pecado supuestamente obligado por el gobernador almohade o como resultado de una crisis religiosa interior.

VIAJE DE CEUTA A ALEJANDRÍA
Ibn Yubar salió de Granada y cruzó el estrecho de Gibraltar hacia Ceita, en ese momento todavía bajo el dominio musulmán. Abordó en Ceuta un barco genovés el 24 de febrero de 1183 y zarpó hacia Alejandría. Su viaje por mar le llevó más allá de las islas Baleares y, a continuación, a través de la costa occidental de Cerdeña. Entre Cerdeña y Sicilia el buque se encontró con una fuerte tormenta, sobre la que tanto los italianos como los musulmanes de a bordo que tenían experiencia dijeron “dijeron estar de acuerdo en que nunca en sus vidas habían visto tal tempestad”. Después de la tormenta, el buque pasó por Sicilia, Creta y luego viró hacia el sur y cruzó a lo largo de la costa del norte de África, llegando a Alejandría el 26 de marzo.

EGIPTO
Todas las descripciones de los lugares que visitó en Egipto estuvieron llenas de elogios para el nuevo gobernante sunita, Saladino. Por ejemplo, llegó a decir de él que “No hay congregación ordinaria o mezquita, ni mausoleo construido sobre una tumba, ni hospital, ni universidad teológica donde la abundancia del Sultán no se extienda a todos los que buscan vivienda o viven en ellos”. Señaló asimismo que cuando las inundaciones del Nilo no eran suficientes, Saladino reducía el impuesto sobre la tierra de los agricultores o que “tanta es la justicia y seguridad que ha traído a sus rutas que los hombres en sus tierras pueden dedicarse a sus asuntos por la noche y no temer a la oscuridad”.
Sin embargo, Ibn Yubair, no hizo mención alguna de los cristianos coptos, que formaban la gran mayoría de la población egipcia de la época, y llegó a denigrar con frecuencia de la anterior dinastía chiita, los fatimíes.
ALEJANDRÍA
A su llegada a Alejandría, Ibn Yubair se enojó con los funcionarios de aduanas que insistían en la recaudación del zakat de los peregrinos, independientemente de si estaban obligados a pagar o no. En la ciudad visitó el Faro de Alejandría, que en ese momento estaba todavía en pie, y se sorprendió por su tamaño y esplendor. También quedó impresionado por la libertad de los colegios, albergues para estudiantes extranjeros, los baños y los hospitales de la ciudad, todos ellos pagados por las fundaciones religiosas y los impuestos sobre los dhimmis judíos y cristianos de la ciudad. Llegó a mencionar que había entre ocho mil y doce mil mezquitas en Alejandría, la cual dejó atrás después de una estancia de ocho días para dirigirse a El Cairo.

EL CAIRO
Después de un viaje de tres días, Ibn Yubair llegó a El Cairo. En ella visitó el cementerio de Al-Qarafah, donde se encontraban las tumbas de muchos personajes importantes en la historia del Islam, tales como Hussein, mártir chiita, y señaló que los esclavos cristianos extranjeros estaban ampliando los muros de la ciudadela con el objeto de rodear toda la ciudad. Otra de las obras en construcción que contempló fue un puente sobre el Nilo, que sería lo suficientemente elevado como para no ser sumergido por la inundación anual del río. Describió también un espacioso hospital gratuito que se dividía en tres secciones: para hombres, mujeres y enfermos mentales. Contempló las pirámides, sin explicarse para qué se habían construido, así como la esfinge, a la que los locales llamaban “Padre de los Terrores”.
“Las antiguas pirámides, son construcciones maravillosas, un espectáculo extraordinario, son de forma cuadrada, como si fuesen varias tiendas plantadas, alzándose en el aire del cielo y llenan en altura al espacio aéreo. La anchura de una de ellas, desde una de sus esquinas a la otra, es de 366 pasos. Han sido levantadas con enormes piedras talladas, ensambladas de forma impresionante en insólita cohesión… Si las gentes de la tierra deseasen demoler su construcción les sería imposible… Nadie sabe lo que son, salvo Dios, poderoso y grande…”
OTROS VIAJES
Ibn Yubair ascendió después el Nilo hasta Assuán y cruzó el Mar Rojo hacia Jedda y desde allí a Medina y La Meca, donde residió varios meses. Más tarde se dirigió al norte hacia Jerusalén, Damasco, Mosul, Bagdad y Acre, volviendo en 1185 a través de Sicilia, de nuevo a bordo de un barco genovés. Su travesía no estuvo falta de peripecias, incluido un naufragio.
Ibn Yubair llegó a una detallada y muy gráfica descripción de los lugares que visitó durante sus viajes en su libro Rihla (Los viajes). A diferencia de sus contemporáneos, no escribió simplemente una mera recopilación de topónimos y descripciones de monumentos, sino que mostró un análisis en profundidad por medio de la observación de detalles geográficos, así como culturales, religiosos y políticos. Especialmente interesantes fueron sus notas acerca de la disminución de la fe de sus compañeros musulmanes en Palermo después de la reciente conquista normanda, y lo que percibió como la influencia musulmana sobre las costumbres de Guillermo II, rey de Sicilia.
La relevancia de Ibn Yubair como viajero se debe principalmente a que su libro se convirtió en una de las fuentes más importantes con que se contó a partir de entonces para saber cómo se encontraba el mundo mediterráneo en general, los países bajo dominio islámico, la Sicilia normanda, la navegación contemporánea y las relaciones entre musulmanes y cristianos en el siglo XII. Yubair fue el creador de todo un género en la literatura árabe: La Rihla o relación del viaje que luego se continúa y reproduce sistemáticamente. En él daba explicaciones detalladas del Mediterráneo en la época de las Cruzadas. Fue escrito con un estilo claro y elegante, manejando una lengua variada, a veces seca y difusa, con frecuencia colorista y pintoresca. Se trataba de un hombre inteligente, observador, tolerante, espiritual y a menudo jocoso. Entre sus imitadores destacaron el famoso viajero de Tánger Ibn Batuta, que se inspiró e incluso reprodujo párrafos exactos de los relatos del valenciano.
Una cita muy conocida fue la descripción de los musulmanes que vivían en el reino de Jerusalén tras la cruzada cristiana: “Hemos dejado Tibnin por un camino lleno de granjas donde vivían los musulmanes, que prosperan bajo el dominio cruzado… Los musulmanes son propietarios de sus casas y se administran a su modo. Ésta es la forma en que las grandes granjas y aldeas están organizadas en territorio franco. Muchos musulmanes están muy tentados a establecerse aquí cuando ven las terribles condiciones en que sus hermanos viven en los distritos bajo el mandato musulmán. Por desgracia para los musulmanes, tienen siempre motivos para quejarse sobre las injusticias de sus jefes en las tierras regidas por sus correligionarios, mientras que no pueden tener más que elogios para el comportamiento de los francos, en cuya justicia siempre pueden confiar”.
Yubair viajó hacia Levante dos veces más (1189-1191 y 1217), pero no dejó constancia escrita de tales viajes. Murió en Egipto, donde parece que se dedicó a la enseñanza durante el segundo de estos viajes.