HERNANDO DE SOTO (1500 - 1542)



Adelantado y explorador español que viajó a América y participó en 1522 en la expedición de Gil González de Ávila que descubrió la costa de Nicaragua.
En 1524 pasó a las órdenes de Francisco Hernández de Córdoba, fundador de las ciudades de Bruselas, León y Granada en la provincia de Nicaragua. En 1532 fue gobernador de la isla de Cuba entre 1538 y 1539, año en que partió a la conquista de la Florida.

INICIOS EN LA EXPLORACIÓN
Los padres de Hernando de Soto eran hidalgos, de la región de Extremadura, un lugar donde abundaba la pobreza y por lo cual mucha gente joven buscó maneras de hacer fortuna en otros lugares. Existe una controversia sobre el lugar de su nacimiento entre las localidades de Badajoz, Barcarrota o Jerez de los Caballeros. El primer dinero que ganó en el Perú lo envió a sus hermanos residentes en Barcarrota, sin embargo, estipuló que su cuerpo fuera sepultado en Jerez de los Caballeros, porque era allí donde se encontraban enterrados ya otros miembros de su familia.
En 1514, Hernando de Soto acompañó a Pedro Arias Dávila a las colonias españolas, desembarcando en Panamá. Sus posesiones en aquel tiempo eran solamente un escudo y su espada. En 1523, se hizo líder de una unidad de la caballería y fue con Francisco Hernández de Córdoba en su viaje de descubrimiento y colonización a través de Nicaragua y de Honduras.
Soto ganó fama como jinete y como combatiente de tácticas excelentes. En un conflicto por la supremacía de Nicaragua, luchó para Pedro Arias Dávila, también llamado “Pedrarias”  contra su ex-jefe Gil González Dávila.
González se había separado del grupo para explorar y conquistar Nicaragua por su cuenta. Proveniente de Santo Domingo, había entrado por Paso Caballos en Honduras en su vía terrestre hasta Nicaragua. Hernando de Soto le denunció, fue a su encuentro partiendo de Nicaragua y derrotó a González en Toreba, Honduras.

PRIMERA EXPEDICIÓN: AMERICA DEL SUR
En 1528 Soto condujo su propia expedición a lo largo de la costa de Yucatán, esperando encontrar la conexión directa por el mar, entre el océano Atlántico y el Pacífico. Luego acompañó a Francisco Pizarro, como capitán, en su empresa en Perú. Descubrió la ciudad de Cajas. Con un grupo de avanzada de cincuenta hombres, fue enviado por Pizarro a la ciudad de Cuzco, la capital del Imperio Inca, con el fin de abrir camino para el resto de la tropa. En el trayecto se enfrentó numerosas veces al ejército de Quisquis, ganando varias batallas y perdiendo algunas. Fue socorrido por Diego de Almagro y juntos entraron en la ciudad imperial.
Después de que Atahualpa hubiera sido arrestado durante la batalla de Cajamarca en 1532, Soto lo visitó a menudo durante el confinamiento y allí emergió una amistad entre los dos hombres. Fue enviado al norte a buscar al ejército de Rumiñahui y para unirse con Sebastián de Belalcázar, pero realmente lo que se buscaba era alejarlo con el fin de evitar la presencia de uno de los defensores del inca.
El 25 de agosto de 1534 fue recibido en Cuzco como teniente de gobernador general y finalmente, decidió retirarse del Perú a principios de 1536, para buscar nuevas aventuras cuando Diego de Almagro escogió como su capitán a Rodrigo Ordóñez en su lugar para la infructuosa expedición que emprendió al misterioso reino de Chile.

REGRESO A ESPAÑA
Volvió a España en el mismo año de 1536, llevando con él aproximadamente cien mil pesos de oro -su parte de la conquista del Imperio Inca-. En este tiempo, Soto era famoso por ser el héroe de la captura de Atahualpa. Fue a Sevilla, donde se casó en 1537, con Inés de Bobadilla, la hija de Dávila, que pertenecía a una de las familias más respetadas de Castilla, con mucha influencia en la corte española, bajo Carlos I. Este periodo fue el ápice de reputación y de la abundancia de Soto.
Viendo los legendarios recursos en Perú y leído un informe escrito por Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Soto sospechó de una riqueza similar en Florida.
Cabeza de Vaca era uno de los cuatro supervivientes de la desastrosa tentativa de Pánfilo Narváez para conquistar la Florida. Soto vio su ocasión para realizar una expedición famosa como las de Pizarro y las de Cortés. Fue nombrado gobernador de Cuba por Carlos I, vendió gran parte de sus bienes y se equipó para la expedición en aquellas tierras inexploradas. Su misión era conquistar, situarse y pacificar los territorios desconocidos.

SEGUNDA EXPLORACIÓN: LA FLORIDA
En Mayo de 1539, con alrededor de 700 hombres, veinticuatro sacerdotes y nueve naves, amén de 230 caballos, llegó a la costa occidental de Florida, que se convertiría en Bradenton, y sur de Tampa. Nombró al lugar Espíritu Santo. El objetivo de Soto era colonizar el área, preferiblemente buscando una ciudad como Cuzco o Ciudad de México. Por lo tanto, trajo varias toneladas de equipo distribuidos en herramientas, armas, cañones, perros y cerdos. Además de los marineros, las naves trajeron a sacerdotes, herreros, artesanos, ingenieros, granjeros y comerciantes. Pocos de ellos habían viajado antes fuera de España, o peor aún, fuera de sus aldeas.
Comenzando en Espíritu Santo, Soto exploró la Florida y gran parte de los Estados Unidos meridionales. Ya en Florida, comenzó su desgracia. En vez de estar lleno de oro, en el país abundaban los pantanos y estaba plagado de mosquitos, siendo el clima extremadamente cálido y húmedo. También los indios complicaron su labor de avance y exploración.
Los nativos habían tenido malas experiencias con la expedición anterior de Pánfilo Narváez. Las tropas de Soto fueron mucho menos brutales. No capturaron a indios para utilizarlos como trabajadores y guías, no violaron mujeres y tampoco saquearon aldeas en busca de alimento para sus hombres y caballos como lo hizo Narváez. Instaló cruces cristianas en los lugares sagrados de los indios. Para asegurar el desarrollo de la expedición, los españoles capturaron, a menudo, a jefes de las tribus lugareñas.
El ayudante más importante de las tropas fue Juan Ortiz, que vino a la Florida en busca de la expedición de Narváez y fue capturado por los uzica, una tribu de Calusa. La hija del jefe Hirrihigua pidió por la vida de Ortiz, ya que su padre había ordenado que lo quemaran vivo. Ortiz sobrevivió al cautiverio y a la tortura, y se unió en la primera oportunidad, a la nueva expedición de Hernando de Soto.
Ortiz conocía el terreno y también ayudó como intérprete. Como guía para la expedición de Soto, Ortiz estableció un método único para dirigir la expedición y para comunicarse en los diferentes dialectos tribales. Las guías de Paracoxi fueron reclutadas de cada tribu a lo largo de la ruta.
El primer campamento de invierno de la expedición se asentó en Anhaica, cerca del lago Tallas. El sitio estaba también cerca de la bahía de Caballos, donde los miembros de la tropa de Narváez se vieron forzados a comer caballos para sobrevivir. Este fue el único lugar de toda la ruta en el cual los arqueólogos han podido establecer con exactitud que estuvo la expedición de Hernando de Soto.

EN EL NORTE (1540)

La expedición se aventuró a lo largo de las montañas Apalaches del este y estuvieron a un paso de la aniquilación. Los miembros de la avanzada tuvieron que negociar, a veces, los cerdos que traían para obtener otros alimentos y en ciertas ocasiones debieron conseguir, por la fuerza, lo que necesitaban. Cruzaron Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte y Tennessee.
Oyendo hablar del famoso tesoro del oro del Cofitachequi, y acompañado por sus amigos, los ocute, la expedición continuó por ambas Carolinas. Estuvieron de marcha durante semanas, sufriendo hambre y sed, con porteadores que no sabían la manera de atravesar los territorios de Cofitachequi. No obstante, a mitad de mayo de aquel año, la expedición descubrió la capital de la tribu, situada en el sitio que hoy se conoce como Columbia, en Carolina del Sur.
Recibieron a los españoles con una bienvenida relativamente amistosa. Los peninsulares exigieron ver el oro de la ciudad inmediatamente. Tras un examen más detenido, el oro resultó ser simple cobre. Encontraron algunas perlas y armas en la ciudad y continuaron después tras su búsqueda de riqueza a través de las dos Carolinas, Georgia y Alabama.
Posteriormente siguieron con la idea de conseguir más metal precioso, lo que los condujo a las supuestas reservas gigantes de oro en el este. En el norte de Alabama encontraron la ciudad de Mauvila (o de Mabila). La tribu de choctaw, bajo el liderazgo del cacique Tascalusa, defendió la ciudad fuertemente fortificada. Los españoles aguantaron un tiempo, pero luego la ciudad fue atacada repetidamente, una y otra vez. En una batalla de nueve horas, murieron veinte españoles, si bien el resto resultaron casi todos heridos, y veinte más murieron en los días posteriores. Todos los guerreros de choctaw de ésa área -cerca de unos seis mil- murieron peleando o fueron ejecutados o se suicidaron. Mauvila fue incendiada.
Aunque los españoles ganaron la batalla, perdieron la mayor parte de sus posesiones y cuarenta caballos. Fueron heridos, enfermaron y se encontraron sin equipo apropiado en un territorio desconocido y hostil, rodeados de enemigos. Con la batalla de Mauvila, la cantidad de nativos también disminuyó en la tropa en marcha. Durante la travesía, los españoles volvieron a ser atacados, cada vez más, por un sistema intermitente de guerrillas.
Mientras tanto los hombres de la tropa de Soto perdieron las esperanzas y de allí en adelante sólo deseaban volver a la costa, abordar sus naves y regresar a Cuba. Soto siguió soñando todavía, ilusoriamente, con hacer nuevos descubrimientos.

EN EL OESTE (1541)
La expedición volvió al norte, donde encontraron la tribu Chickasawen donde Soto le exigió a la comunidad indígena que le entregara doscientos hombres para servir de porteadores. Ellos se negaron a aceptar esta demanda y, en cambio, atacaron el asentamiento español durante la noche. Los españoles perdieron cerca de cuarenta hombres y el resto de su equipo. Según los cronistas de la época, la expedición estuvo a punto de ser destruida completamente. Por fortuna para la avanzada, los chickasaw les permitieron marcharse.
El 8 de mayo, tropas de Hernando de Soto alcanzaron el río Misisipi, siendo los primeros europeos en avistar este río.
Soto se mostró muy poco interesado en este descubrimiento porque representaba para él un obstáculo en su misión. Junto con cuatrocientos hombres tuvieron que cruzar el amplio y caudaloso río, que era patrullado constantemente por nativos hostiles. Después de casi un mes, y luego de la construcción de varias balsas, finalmente cruzó con su gente el Misisipi y continuó su recorrido hacia el oeste por la actual Arkansas, Oklahoma y Texas. En invierno se establecieron en Autiamique, en el río Arkansas.
Después de un duro invierno, la expedición española se diluyó y siguió delante de manera cada vez más irregular. Su fiel intérprete, Juan Ortiz, había muerto, haciendo más difícil la tarea de encontrar rutas, fuentes de alimento y, en general, entablar comunicación con los nativos de la zona. La expedición se dirigió hacia el interior del territorio conocido como el río Caddo, donde tomaron contacto con una tribu nativa a la que llamaron tula y a la que los españoles consideraron como la que disponía de los guerreros más expertos y peligrosos que jamás hubiesen hallado. El encuentro entre europeos y nativos posiblemente tuvo lugar en Caddo Gap (un monumento está en pie en aquella comunidad). Tomando como base los documentos del legado de Soto y a lo que indicó Garcilaso, los españoles volvieron posteriormente al río Misisipi.

MUERTE DE HERNANDO DE SOTO
En la orilla occidental del Misisipi, en el poblado indígena de guachoya murió Hernando de Soto el 21 de mayo de 1542 a causa de la fiebre, dejando a Luís de Moscoso de Alvarado a cargo de sus hombres. Puesto que Soto era considerado inmortal entre los nativos, su cuerpo fue ocultado, en mantas lastradas con arena, por sus hombres, quienes después lo hundieron en medio del río Misisipi durante la noche.
Tras haber recorrido a pie buena parte del sur de lo que hoy son los Estados Unidos y luego navegar por la costa del golfo de México, los supervivientes guiados por Moscoso lograron regresar a la ciudad de México en 1543.
En reconocimiento a este explorador, muchos parques, ciudades, condados e instituciones de los Estados Unidos llevan el nombre de Hernando de Soto, siendo los más destacados: el Memorial Nacional de Soto en Bradenton (Florida); los condados de Soto en Florida; las cataratas de Soto en el condado de Lumpkin (Georgia) y también en Misuri, así como muchos parques y colegios en Alabama, St. Petersburg y Memphis (Tennessee).

GUSTAV HERMANN NACHTIGAL (1834 - 1885)



Fue botánico, médico y viajero alemán que exploró principalmente territorios del África Central.
Nació en la ciudad germana de Eichstedt, en Brandeburgo, hijo de un pastor luterano. Estudio medicina en las universidades de Halle, Wurzburgo y Greifswald. Después ejerció durante algunos años como cirujano militar.
Gustav Hermann Nachtigal descubrió que el clima de su país natal era perjudicial para su salud y por eso viajó a Argel y Túnez, participando como cirujano de a bordo en numerosas expediciones.
Fue comisionado por el rey de Prusia para llevarle regalos al sultán del imperio Kanem.Bornu en agradecimiento por su benevolencia con los alemanes. Esta empresa duró cinco años y comenzó en la ciudad de Trípoli en el año 1869, la travesía cruzó el desierto del Sahara y concluyó en Bornu en el año 1871. Desde este lugar viajó por Bagirmi, Wadai, Kordofán y Jartum en 1874.
Diez años después, el canciller Otto vin Bismarck le designó como enviado especial en el África Central y Occidental para negociar las anexiones territoriales de Togolandia y Kamerun, que gracias a sus intervenciones lograron convertirse en colonias del Imperio Alemán.
Mientras regresaba de esta misión murió en el mar, frente al cabo Palmas, el 20 de abril de 1885, siendo sepultado en Grand Bassam, en Costa de Marfil.

GIOVANNI DA PIAN DEL CARPINE (1182 - 1252)



Misionero italiano conocido también como Juan de Piano Carpini, probablemente nació en 1182 o en los años inmediatamente posteriores. Oriundo de un pueblo cercano a Perusa, sobre las orillas del lago Trasimeno, pueblo llamada por aquel entonces como Pian di Carpine y que en la actualidad lleva el nombre de Magione.
Fue uno de los primeros discípulos de Francisco de Asís y en 1221 fue designado por el santo para predicar la fe cristiana a los teutones, que aún eran paganos. Muy posiblemente fue enviado por el Papa Gregorio IX como embajador ante el rey de Túnez, luego regresó a Europa en 1241, siendo nombrado provincial de Colonia.

AL ENCUENTRO DEL GRAN KHAN
El nuevo Papa Inocencio IV le envió a negociar la paz cristiana con el Khan mongol. En el momento partir hacia las tierras del Imperio Mongol, tenía sesenta y tres años, siendo además hombre corpulento y pesado, de forma que, según contó la crónica franciscana, sólo podía desplazarse montado sobre un asno bien robusto. Así pues, el 5 de marzo de 1245, el Papa le otorgó su bendición y le entregó una carta destinada “al rey y al pueblo de los tártaros” en la que le reprochaba al Khan haber asesinado a muchos cristianos, recomendándole que cesaran las matanzas y persecuciones.
El 4 de abril de aquel año, día de Pascua, acompañado de otro monje llamado Esteba de Bohemia, salió de Lyon para dirigirse al Imperio Mongol utilizando la llamada Ruta de la Seda. Esteban se descompuso cerca de Kiev y se tuvo que quedar; tras buscar consejo de su viejo amigo el rey Wenceslao I de Bohemia, en Breslavia se reunió con otro franciscano menor, Benedicto de Polonia, quien lo acompañó en carácter de intérprete.
Durante las cuatro semanas que estuvo en la corte de los mongoles fue un hábil diplomático, capaz de hacer hablar a cuantos le rodeaban y llevando a cabo lo que se podría llamar una labor de espionaje. Recogió multitud de informaciones sobre el origen y genealogía mongol, la organización del imperio, la constitución del ejército, su armamento y tácticas de guerra, etc.
Este viaje al corazón del Imperio Mongol duró hasta el año 1247.
A su regreso escribiría Historia Mongolorvm y su Relación Tártara, que constituirían las primeras historias medievales europeas acerca de los mongoles y sus dominios del Asia Central, siedo su propio viaje uno de los primeros contactos europeos con Orienta anterior a la llamada Era de los Descubrimientos.

FRANCISCO DE ORELLANA (1511 - 1546)



Explorador y Adelantado español en la época de la colonización española de América. Participó en la invasión del Imperio Inca y, posteriormente, nombrado gobernador en diversas poblaciones. Fue el descubridor del río Amazonas.
Nacido en Trujillo (Cáceres) en 1511, era un íntimo (posiblemente familiar, algunos historiadores hablan de primo) de la familia de Francisco Pizarro. Viajó al Nuevo Mundo muy joven, con apenas dieciséis años, sirviendo como militar en Nicaragua. Reforzó el ejército de Pizarro en el Perú (1535) y le sirvió en múltiples campañas, en una de las cuales perdió un ojo.
Durante la guerra civil entre los conquistadores del Perú, fue enviado por Francisco Pizarro al mando de una columna desde Lima en ayuda de Hernando Pizarro. En 1538 fue nombrado gobernador de la provincia de la Culata, en la costa del actual Ecuador, donde reconstruyó y repobló Santiago de Guayaquil, que había sido recientemente destruida por los indios.

A TRAVÉS DE ECUADOR
En 1540, Gonzalo Pizarro llegó a Quito como gobernador y le fue encargado por Francisco Pizarro organizar una expedición hacia el este, en busca del País de la Canela. Orellana supo de esta expedición y se unió a ella. En Quito, Pizarro juntó una fuerza de 220 españoles y 4.000 indios, mientras que Orellana, segundo al mando, fue enviado a Guayaquil para alistar más tropas y conseguir caballos. Pizarro partió de Quito en febrero de 1541, justo antes de que Orellana, con 23 hombres y caballos, se uniera a él.
Orellana no abandonó y se apresuró para unirse a la expedición principal, contactándola finalmente en el valle de Zumaco, próximo a Quito, en marzo de 1541. Fue el tercer Teniente de Gobernador de Puerto Viejo después de haber asistido a su pacificación y fundación donde perdió un ojo, en las inmediaciones de la actual costa ecuatoriana, además de haber sido uno de los primeros célebres vecinos de Puerto Viejo. Por ello existen documentos que acreditan la estancia de Francisco de Orellana en los primeros cabildos coloniales de actuales ciudades ecuatorianas.

EXPLORACIÓN DEL AMAZONAS
Cruzaron los Andes. Al cabo de un año, ante la falta de resultados de la búsqueda, Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana construyeron un bergantín, el San Pedro, para transportar a los heridos y los suministros, y siguieron los cursos de los ríos Coca y Napo hasta la confluencia de éste con el Aguarico y el Cucaray, donde se encontraron faltos de provisiones. Habían perdido 140 de los 220 españoles y 3.000 de los 4.000 indios que componían la expedición.
Acordaron entonces (22 de febrero de 1542) que Orellana prosiguiera en el barco río abajo en busca de alimentos y esperó a Pizarro. Finalmente envió a tres hombres con un mensaje y comenzó la construcción de un nuevo bergantín, el Victoria. Mientras tanto, Pizarro había vuelto hacia Quito por una ruta más hacia el norte, con sólo 80 hombres, los que quedaban vivos.
Orellana siguió río abajo. Al cabo de siete meses y un viaje de 4.800 kilómetros, en los que navegó por el río Napo, el Trinidad y el río Negro (bautizado así por Orellana) y el Amazonas, llegó a su desembocadura (26 de agosto de 1542), y desde allí se dirigió costeando a Nueva Cádiz en la isla de Cubagua (actual Venezuela). El Victoria, llevando a Orellana y Carvajal, bordeó la isla de Trinidad por el sur y quedó varado en el golfo de Paria durante siete días, llegando finalmente a Cubagua el 11 de septiembre de 1542.
Fue en este viaje en el que el río Amazonas adquirió su nombre. Se cuenta que la expedición fue atacada por feroces mujeres guerreras, similares a las amazonas de la mitología griega, pero es posible que simplemente luchara contra guerreros indígenas de pelo largo. Sin embargo, las crónicas del Padre Gaspar de Carvajal, cronista de Orellana, dejan muy claro que los indígenas que les combatieron estaban liderados por mujeres.

LA FASCINANTE AMAZONIA
Puesto que se desvanecía toda esperanza de reunirse con Gonzalo Pizarro, verdadero jefe de la expedición, Orellana fue elegido de forma unánime capitán del grupo. Se decidió construir un nuevo bergantín, al que puso por nombre Victoria, y continuar por el río hasta llegar a mar abierto. Durante el trayecto, los heroicos exploradores afrontaron mil peligros, fueron atacados varias veces por los indígenas y dieron muestras de un valor extraordinario.
El viaje les deparó continuas sorpresas: árboles inmensos, selvas de lujuriosa vegetación y un río que más bien parecía un mar de agua dulce y cuyos afluentes eran mayores que los más caudalosos de España. Cuando dejaron de divisar las orillas de aquel grandioso río, Orellana ordenó que se navegara en zigzag para observar ambas riberas.
En la mañana del 24 de junio, día de San Juan, fueron atacados por un grupo de amerindios encabezado por las míticas amazonas. Los españoles, ante aquellas mujeres altas y vigorosas que disparaban sus arcos con destreza, creyeron estar soñando. En la refriega consiguieron hacer prisionero a uno de los hombres que acompañaban a las aguerridas damas, quien les relató que las amazonas tenían una reina que se llamaba Conori y poseían grandes riquezas. Maravillados por el encuentro, los navegantes bautizaron el río en honor de tan fabulosas mujeres.
El 24 de agosto, Orellana y los suyos llegaron a la desembocadura de aquella impresionante inmensidad de agua. Durante dos días lucharon contra las olas que se formaban al chocar la corriente del río con el océano y, al fin, lograron salir a mar abierto. El 11 de septiembre llegaban a la isla de Cubagua, en el mar Caribe, culminando uno de los más apasionantes periplos de la historia de los descubrimientos.

REGRESO A ESPAÑA
Desde Cubagua, Orellana embarcó hacia España. Sin embargo, tras una travesía difícil, llegó primero a Portugal, donde el rey les ofreció hospitalidad e incluso recibió ofertas para volver al Amazonas con una expedición abundantemente provista bajo bandera portuguesa.
El Tratado de Tordesillas había puesto toda la longitud del Amazonas bajo soberanía castellana, mientras que los portugueses consideraban la costa brasileña de su entera propiedad. Sin embargo, Orellana continuó a Valladolid (mayo de 1543) con la esperanza de conseguir las reclamaciones castellanas sobre toda la cuenca del Amazonas.
Envidioso, sin duda, del éxito alcanzado al descubrir el río Amazonas, Francisco Pizarro presentó cargos contra él por traición, siendo juzgado y absuelto posteriormente.
Una vez en la corte, y tras nueve meses de negociaciones, Carlos I le nombró gobernador de las tierras que había descubierto, bautizadas como Nueva Andalucía (18 de febrero de 1544). Las capitulaciones le permitían explorar y colonizar Nueva Andalucía con no menos de 200 soldados de infantería, 100 de caballería y el material para construir dos barcos fluviales.
A su llegada al Amazonas, debía construir dos ciudades, una de ellas justo en la boca del río. Sin embargo, los preparativos se alargaron debido a la falta de fondos. Finalmente gracias a la financiación de Cosmo de Chaves, padrastro de Orellana, la expedición pudo partir. Poco antes, Orellana se casó con Ana de Ayala, una joven de origen humilde que le acompañaría en la nueva travesía.

SEGUNDO VIAJE AL NUEVO MUNDO
Zarpó de Cádiz, pero fue detenido en Sanlúcar de Barrameda debido a que gran parte de su expedición estaba compuesta por no castellanos. Finalmente (11 de mayo de 1545), y escondido en uno de sus barcos, zarpó de Sanlúcar con cuatro barcos. Uno se perdió antes de llegar a las islas de Cabo Verde, otro en el curso de la travesía, y un tercero fue abandonado al llegar a la desembocadura del río Amazonas.
El desembarco se produjo poco antes de las Navidades de 1545 y Orellana se internó unos quinientos kilómetros en el delta del Amazonas tras construir un barco fluvial. 57 hombres murieron de hambre y el resto acamparon en una isla del delta entre indios amistosos. Orellana partió en un bote para encontrar comida y la rama principal del Amazonas.
A su regreso, encontró el campamento desierto, pues los hombres habían construido un segundo bote y partido en busca de Orellana. Finalmente abandonaron y partieron costeando hacia la isla Margarita en el mar Caribe.
Orellana y su grupo siguieron tratando de localizar el canal principal, pero fueron atacados por los nativos caribes. Diecisiete perdieron la vida a causa de las flechas venenosas y el mismo Orellana murió poco después en noviembre de 1546.
Cuando los supervivientes del segundo bote llegaron a la isla Margarita, se encontraron con 25 compañeros, incluyendo a Diego García de Paredes y Ana de Ayala, que habían llegado en el cuarto barco de la flota original. Un total de 44 supervivientes (de los 300 que habían partido) fueron finalmente rescatados por un barco español. Muchos de ellos se asentaron en Centroamérica, Perú y Chile, mientras que Ana de Ayala se casó con otro superviviente, Juan de Peñalosa, con el que vivió hasta su muerte en Panamá.
En la actualidad, una provincia de Ecuador recibe el nombre de Orellana. Igualmente, en el distrito de “Las Amazonas” (en el río Napo), provincia de Maynas del departamento de Loreto, en Perú, existe una localidad con el nombre del bravo explorador Francisco de Orellana.